Día 89 del ASPO
Y llega esa mañana,
sucesora de la noche seca,
en la que las ganas nacen rotas.
Traen muchos trozos de dudas
atraen partículas de ausencias
convocan juegos de derrotas.
des unidas
acorraladas
perdidas en sus lazos con
la
vida
sábado, 13 de junio de 2020
sábado, 30 de mayo de 2020
sueño de ASPO
Estamos en Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.
Noche 74
Anoche soñé raro.
Un mafioso, mezcla del matón francés de Zona Blanca y el gallego de Vivir sin permiso, fue denunciado por una adolescente que él conoce y a la que ahora tiene que matar para ajustar cuentas. Yo estoy ahí, pero soy una tercera que veo todo nada más. El mafioso no la quiere matar pero debe hacerlo. Entonces se empiezan a tejer en el sueño (ya no recuerdo todo) una serie de situaciones para que ocurra la venganza necesaria, en un bar pero en donde no muera nadie. Recuerdo hacer planes en muchos encuentros, como en una comida comunitaria, un evento social o algo así, con mesas largas y platos de comida y postres todos iguales. Llega el momento de la venganza. Un muchacho rubio parado en la barra del bar debía empezar la representación. Dice algo pero surge un imprevisto, una palabra de otro que no debería estar ahí y suenan disparos, uno atrás del otro.
Queda solo el rubio, todavía parado junto a la barra pero con los hombros encogidos como queriendo protegerse de algo. Todos los demás, muertos. El rubio con su cara perturbada y yo, los dos pensando “¿Qué pasó?” “¿Por qué pasó lo que no debía pasar?
Y ahí me desperté, con el sueño ido y esa sensación todavía ardiente.
Noche 74
Un mafioso, mezcla del matón francés de Zona Blanca y el gallego de Vivir sin permiso, fue denunciado por una adolescente que él conoce y a la que ahora tiene que matar para ajustar cuentas. Yo estoy ahí, pero soy una tercera que veo todo nada más. El mafioso no la quiere matar pero debe hacerlo. Entonces se empiezan a tejer en el sueño (ya no recuerdo todo) una serie de situaciones para que ocurra la venganza necesaria, en un bar pero en donde no muera nadie. Recuerdo hacer planes en muchos encuentros, como en una comida comunitaria, un evento social o algo así, con mesas largas y platos de comida y postres todos iguales. Llega el momento de la venganza. Un muchacho rubio parado en la barra del bar debía empezar la representación. Dice algo pero surge un imprevisto, una palabra de otro que no debería estar ahí y suenan disparos, uno atrás del otro.
Queda solo el rubio, todavía parado junto a la barra pero con los hombros encogidos como queriendo protegerse de algo. Todos los demás, muertos. El rubio con su cara perturbada y yo, los dos pensando “¿Qué pasó?” “¿Por qué pasó lo que no debía pasar?
Y ahí me desperté, con el sueño ido y esa sensación todavía ardiente.
martes, 5 de mayo de 2020
cuarentena chota
Bien, 50 días de cuarentena hoy.
Ya hice lo que todos: pan, limpieza, arreglar cositas (cortinas, lámparas), un poco de ejercicio, ver series y pelis, trabajar, aburrirme, deprimirme, tener un poco de fobia a salir, intentar hacer tapaboca, sentirme bien, beber más alcohol, extrañar, chatear, etc, etc, etc.
La revista Barcelona hizo este chiste: "¿Ya podemos dejar de aprovechar la cuarentena y deprimirnos?" ja! Sí, ya podemos.
La verdad, a mi esta cuarentena no me enseña nada. No descubrí nuevos placeres, no aparecieron nuevas aptitudes, no se amplió ninguno de mis horizontes.
Me gusta lo que me gustó siempre, solo que la mitad no lo puedo hacer o tener.
No me hice experta cocinera, por ejemplo, porque cocinar nunca me gustó y sigue sin gustarme y no me hace ninguna gracia hacer platos dignos para disfrutarlos sola.
Quiero mucho a los que quiero siempre mucho: no los quiero más ni los dejé de querer. Simplemente no los puedo abrazar y besar.
Tampoco me gustó nada nunca la teoría o estilo de vida que dice que las cosas pasan por algo y que todo sirve para aprender.
No señores, hay cosas que pasan y hay que tragarlas como vienen y punto.
¿Eso es malo? ¿Eso es negativo? No, es y listo. Puedo vivir con esa verdad.
Pero eso, bancarme lo malo con empatía y dignidad, lo hice siempre.
Así que cuarentena chota, cuando sea seguro para todos y puedas, andate a la mierda.
.
Ya hice lo que todos: pan, limpieza, arreglar cositas (cortinas, lámparas), un poco de ejercicio, ver series y pelis, trabajar, aburrirme, deprimirme, tener un poco de fobia a salir, intentar hacer tapaboca, sentirme bien, beber más alcohol, extrañar, chatear, etc, etc, etc.
La revista Barcelona hizo este chiste: "¿Ya podemos dejar de aprovechar la cuarentena y deprimirnos?" ja! Sí, ya podemos.
La verdad, a mi esta cuarentena no me enseña nada. No descubrí nuevos placeres, no aparecieron nuevas aptitudes, no se amplió ninguno de mis horizontes.
Me gusta lo que me gustó siempre, solo que la mitad no lo puedo hacer o tener.
No me hice experta cocinera, por ejemplo, porque cocinar nunca me gustó y sigue sin gustarme y no me hace ninguna gracia hacer platos dignos para disfrutarlos sola.
Quiero mucho a los que quiero siempre mucho: no los quiero más ni los dejé de querer. Simplemente no los puedo abrazar y besar.
Tampoco me gustó nada nunca la teoría o estilo de vida que dice que las cosas pasan por algo y que todo sirve para aprender.
No señores, hay cosas que pasan y hay que tragarlas como vienen y punto.
¿Eso es malo? ¿Eso es negativo? No, es y listo. Puedo vivir con esa verdad.
Pero eso, bancarme lo malo con empatía y dignidad, lo hice siempre.
Así que cuarentena chota, cuando sea seguro para todos y puedas, andate a la mierda.
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domingo, 3 de mayo de 2020
todas las formas de lo imposible
Ger salió primero, yo lo alcanzaría tres horas más tarde.
Dejaría la casa, caminando despacio, atravesando todo el Marais.
Arranqué apenas una hora después que él.
Un par de cuadras y me senté en la plaza invadida por el sol tibio de abril.
Otro poco más y llegar a esas calles con un crepitar de gente en bulliciosa paz.
La terraza de un bar, cualquier bar, con las mesas demasiado juntas.
Mientras tomaba mi cerveza con pochoclo salado, oí toda la conversación de los tres franceses que estaban detrás de mi. No entendí mas que palabras sueltas, pero podía oírlos reír, tragar, masticar. Respirar.
El vaso de cerveza suave fue demasiado grande.
El sol empezaba a alejarse y yo todavía tenía tiempo. Fui al puente más cercano.
El fotógrafo que habíamos visto unos días atrás en la puerta de casa, esperaba el anochecer. Lo recibimos juntos.
El sol enorme y naranja, mi mareo, su concentración. Nuestro silencio en el escenario más hermoso.
Ya era tiempo, la noche estaba ahí.
No había nada mejor que caminar por París, con el sopor del alcohol por esas calles recién iluminadas, para encontrarme en el abrazo radiante de Ger.
Hoy, todas esas pequeñas escenas suman tantas imposibilidades que parecen de otra vida.
Una vida a la que demando encendidamente volver.
* la foto de cabecera de este blog es de ese atardecer
Dejaría la casa, caminando despacio, atravesando todo el Marais.
Arranqué apenas una hora después que él.
Un par de cuadras y me senté en la plaza invadida por el sol tibio de abril.
Otro poco más y llegar a esas calles con un crepitar de gente en bulliciosa paz.
La terraza de un bar, cualquier bar, con las mesas demasiado juntas.
Mientras tomaba mi cerveza con pochoclo salado, oí toda la conversación de los tres franceses que estaban detrás de mi. No entendí mas que palabras sueltas, pero podía oírlos reír, tragar, masticar. Respirar.
El vaso de cerveza suave fue demasiado grande.
El sol empezaba a alejarse y yo todavía tenía tiempo. Fui al puente más cercano.
El fotógrafo que habíamos visto unos días atrás en la puerta de casa, esperaba el anochecer. Lo recibimos juntos.
El sol enorme y naranja, mi mareo, su concentración. Nuestro silencio en el escenario más hermoso.
Ya era tiempo, la noche estaba ahí.
No había nada mejor que caminar por París, con el sopor del alcohol por esas calles recién iluminadas, para encontrarme en el abrazo radiante de Ger.
Hoy, todas esas pequeñas escenas suman tantas imposibilidades que parecen de otra vida.
Una vida a la que demando encendidamente volver.
* la foto de cabecera de este blog es de ese atardecer
lunes, 6 de mayo de 2019
toditos
el que se fue
el que habla y habla
el que falta
el que no poseo
el que arruina
el que grita
el que no escucha
el que no se despega
el que no llegó
el que no me cojo
el del otro lado de la grieta
todos
todos
reúnanse en la birrería de la esquina
pidan ipa
o honey
en happy hour
y déjenme en paz
en
p
a
z
el que habla y habla
el que falta
el que no poseo
el que arruina
el que grita
el que no escucha
el que no se despega
el que no llegó
el que no me cojo
el del otro lado de la grieta
todos
todos
reúnanse en la birrería de la esquina
pidan ipa
o honey
en happy hour
y déjenme en paz
en
p
a
z
sábado, 9 de marzo de 2019
¿Porqué fue hermoso?
Ayer fue 8 de marzo. Viernes verde y violeta. Noche de encuentro en las calles.
Adoro y me conmueven esas marchas en las que nos ponemos nuestros muert@s al hombro y caminamos con ellos con alegría.
Me renueva estar de pie en medio de la diversidad: grupos de chicas, parejas de chicas, travestis, abuelas, hijas y nietas. Padres con hijas pre adolescentes. Juntos.
Entiendo que da miedo cuando alguien dice basta. Cuando todes decimos no. Pero es que si no somos libres todos, no es libre nadie. Y siempre son los que peor la pasan los que se embanderan detrás del primer "hasta acá"
Una actriz decía ayer que es momento de pensar en qué tipo de mujeres queremos ser.
Así de trascendente; hay que dejar de parapetarse detrás de los hombres para empezar a no ser machistas. Si, nosotras chicas. Nosotras.
Y eso da miedo. Y mucho más cuando nos castigan por eso. Pero nos están castigan igual, ¿cuál sería la diferencia?
Ayer todas eramos incogibles. Porque ayer era tiempo de defender derechos. Y uno de esos derechos es decidir cuándo, cómo, cuánto, dónde y con quién.
Ayer fue hermoso por la diversidad y los objetivos concordantes. Porque hay caminos que se decide no volver a transitar mientras otros nuevos se vislumbran.
Ayer fue tiempo de reencuentros y de futuro.
Ayer fue hermoso porque estamos en mitad de la lucha. Y sabemos que es una lucha que no se va a detener hasta que se gane.
Adoro y me conmueven esas marchas en las que nos ponemos nuestros muert@s al hombro y caminamos con ellos con alegría.
Me renueva estar de pie en medio de la diversidad: grupos de chicas, parejas de chicas, travestis, abuelas, hijas y nietas. Padres con hijas pre adolescentes. Juntos.
Entiendo que da miedo cuando alguien dice basta. Cuando todes decimos no. Pero es que si no somos libres todos, no es libre nadie. Y siempre son los que peor la pasan los que se embanderan detrás del primer "hasta acá"
Una actriz decía ayer que es momento de pensar en qué tipo de mujeres queremos ser.
Así de trascendente; hay que dejar de parapetarse detrás de los hombres para empezar a no ser machistas. Si, nosotras chicas. Nosotras.
Y eso da miedo. Y mucho más cuando nos castigan por eso. Pero nos están castigan igual, ¿cuál sería la diferencia?
Ayer todas eramos incogibles. Porque ayer era tiempo de defender derechos. Y uno de esos derechos es decidir cuándo, cómo, cuánto, dónde y con quién.
Ayer fue hermoso por la diversidad y los objetivos concordantes. Porque hay caminos que se decide no volver a transitar mientras otros nuevos se vislumbran.
Ayer fue tiempo de reencuentros y de futuro.
Ayer fue hermoso porque estamos en mitad de la lucha. Y sabemos que es una lucha que no se va a detener hasta que se gane.
martes, 5 de febrero de 2019
Nosotros tres
Hubo un día perfecto. Lo sé, lo sentimos.
Esa tarde en que vos y yo, solo vos y yo, dejamos todo para
contarnos del aire que nos permite seguir vivos. No había nadie más. Estaba la oficina, nuestros robots, ese
jefe ahí, ese compañero allá. Lleno de otros. Pero solo nosotros dos.
La pureza del momento vino de hacer callar a cada una de
nuestras historias personales. Fuimos eso, ese segundo. Inventando con los pies
en el aire, chapoteando desde un muelle sobre un río que pasa. Hablando como si
estuviéramos en silencio. Al borde de nada, en medio de todo.
Pero un día él empezó a hablar. Trajo al silencio
entre nosotros. El agujero de gusano que aprovechó para crecer, desplegarse.
Dominar.
Él no sabe de entrega. No entiende que puede ser por nada.
Viene con sus reglas, sus estructuras, sus mortajas.
Y nos hizo callar. Y la noche fue solo noche.
Un día te dijo: “basta!” y te fuiste con él.
Y no es en otro lugar. Es nunca.
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