domingo, 17 de noviembre de 2013

81,2 de realidad psíquica (i)

Hace algunos años, iba leyendo en el colectivo, camino a casa de mi hermana, un apunte sobre un texto de Gramsci; una fotocopia casi incomprensible, creo que de Los Intelectuales y la organización de la cultura. Era un domingo apacible en viaje hacia un asado mientras apuraba textos teóricos para la materia de la facultad que estaba cursando. Un material complejo y rico, en el que me sumergí a mitad de camino y del que surgí distinta a pocas cuadras de llegar. Como si nada, el tiempo en que el colectivo recorrió esas cuarenta cuadras se había evaporado. Ese mismo tiempo sobre el que reparaba perplejo el personaje de Cortázar entre dos estaciones del subte parisino volviéndose caprichoso también para mí.
Bajé el apunte y miré por la ventana, las mismas cuadras de siempre. Ahí estaban, tan iguales. Seguí leyendo dos oraciones más y de pronto, como un golpe, el párrafo terminaba en ausencia sepultada con dos corchetes, tres puntos suspensivos y una nota al pie. “No se lee en el original” decía, “estas notas, recogidas en los cuadernos que Gramsci escribió durante su cautiverio…”
Treinta y dos cuadernos, escritos durante su encierro, no pensados para ser publicados pero que contienen un desarrollo intelectual que iba a revolucionar el siglo veinte y que solo fueron interrumpidos definitivamente cuando su salud así se lo exigió. Él escribía a pesar de todo, y todo quiere decir muchos horrores, muchas derrotas, muchas desapariciones. Y él, desde ese lugar desoladamente real, con papel y tinta, viviendo e imaginando un mundo diferente.
Y de pronto una mamushka: el nuevo mundo con el comunismo repensado, Gramsci en su celda escribiendo, yo leyendo en un colectivo, la radio comentando los partidos de la tarde, la señora que toca el timbre para bajar, el carbón a quince cuadras empezando a crepitar. Por un momento, no supe qué de todo eso merecía el valor de real.
Llegé a casa de mi hermana, aturdida por estas realidades paralelas y le cuento el jodido descubrimiento de la volátil frontera entre los mundos. Ella, psicoanalista, me responde: “Claro nena, es la realidad psíquica”

Muy bien, ese domingo algo se hizo añicos para que otra cosa pudiera nacer. Algún día.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Solo luz

Hola.
Hace mucho que no...
Pasaron cosas, algunas debían pasar, otras, no. Parece que esta ventana se abre ahora solo para vos, por vos. Y eso es justo, porque después de todo, en esencia, eras las mejores palabras.
Pero, pero...(el mundo entero, todo lo que existe y lo que no está contenido en ese pero), pero acá estamos, sobreviviéndote.
Y vos estarías de acuerdo. Te parecería bien, nos animarías a aceptarlo, nos harías ver claramente que es lo único que podemos hacer. Seguir adelante, seguir vivos. Crecer, amar, luchar, divertirse, sufrir por alguna pena de vez en cuando. Seguir vivos.
A veces necesito que me lo recuerdes. Necesito que me digas: "y sí, y bueno. A seguir haciendo"
Necesito encontrar un tijera mágica que corte esos hilos que unen tu recuerdo a tu ausencia para que puedas ser solo luz. Solo luz.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Seymour Glass y el paso de los días

Un día una amiga me pasa un libro del que postergo su lectura por no se sabe qué razón. Está ahí, dando vueltas, arriba de la mesa de luz o del escritorio o del mueblecito del líving, esperando. Hasta que otro día cualquiera, para no hacer lo que siempre hago, lo busco, lo guardo en la mochila y subo al colectivo para atravesar la ciudad en un viaje de una hora.

Un libro no debería empezar con el cuento perfecto. Y los cuentos perfectos no pueden leerse en el 71. Esa es la primera moraleja.
Repleta de una inconmensurable ignorancia, cerré Nueve cuentos de J.D.Salinger (de ese extraordinario libro estoy intentando hablar), conmovida hasta el infinito por la muerte de Seymour. No iba a leer nada más ese día: no podía hacerlo porque tenía que asimilar las tres "partes" de ese relato; obviamente y con mayor dolor, la última.
Un par de días después, comento con mi hermana la genialidad de Un día perfecto para el pez banana, y voy dejando abierto el próximo ataque a su biblioteca donde seguro habrá más Salinger para cuando termine con los ocho cuentos restantes.
- ¿Te acordás de ese cuento?, le digo y su respuesta me abrió de un golpe seco un mundo nuevo: "¿Cuál? porque son varios y como muchos son parte de una saga familiar que desparramó en varios libros..."
DIOS SANTO!
¿había una familia detrás de Seymour?
¿cómo pude vivir desconociendo esto?
¿dónde estaba, en que estaba pensando cuando SIN DUDA aparecieron las miles de menciones a esta forma de narrar, a esta familia?

Un día, la familia Glass llegó a mi vida, a esta vida que avanza, ahora me vengo a enterar, con anteojeras.
Salud por todo lo que falta por descubrir!
Los descubrimientos maravillosos hinchan las velas de los aventureros más remolones...

miércoles, 25 de julio de 2012

Academia

¿dónde existe una academia donde enseñen tu idioma?
Por ahora, perdidos en la traslación...

lunes, 23 de julio de 2012

cambios

Se empeña esta realidad dogmática en recordarme que decir mañana es decir cambio. Si no hay cambio, no hay mañana, es hoy teñido de ayer perpetuo.
Pero su crueldad, la de la realidad, alcanza niveles apenas tolerables cuando los cambios se convierten en ausencias.
Hoy
  Aquí
    Ahora

que nada más...

domingo, 22 de julio de 2012

empezar

La mayor parte del tiempo sé por qué hago las cosas. Quizás mejor sería decir que en la mayoría de los casos le asigno un porqué de origen. Equivocado o no, hay un entramado de situaciones y sensaciones, aunque estas no tengan mucho peso, que dan el espaldarazo necesario a mis acciones.
Y eso es sencillamente una porquería.
Eso de la espontaneidad, eso de los deseos irrefrenables, eso del vértigo de dejarse llevar no asoma en acciones de este tipo, sesudas, aplicadas, respetuosas, honradas. Sosas.

La mayor parte del tiempo no sé, ni puta idea, de por qué no hago cosas. No se por qué no escribo, no sé por qué no leo, no sé por qué no viajo, no sé por qué no estudio inglés. No se por qué no dejo entrar a nadie, no sé.

Al final de cada día, cuando sentada en el mismo lugar en donde estoy ahora, me pongo a pensar en qué gasté las horas del hoy la respuesta casi siempre es una suma de cosas que no pasan de necesarias. Nunca hermosas.
Busco una metáfora y se me aparecen los monos de la yunga boliviana.
En Villa Tunari hay una reserva de monos, especialmente capuchinos, que se creó a partir de la gran cantidad de animales que los ricos compran de cachorros para su diversión pero que luego cuando llegan a adultos les colman la paciencia y los abandonan. Es que encerrados en una casa, esos pequeños monolitos a la dependencia exigen comida y agua, pero le peor sin duda, es que un mono es un mono y no va a controlar esfinteres nunca.
Así, aquellos graciosos regalos se convierten en exiliados for ever. Viven su vida en una jungla en la que no pueden desenvolverse con seguridad y autonomía, por eso necesitan una reserva, necesitan de sus cuidadores para que les preparen sus comidas y les llenen los bebederos.
No hay peligro si se mantienen saltando entre las veinte lianas del parque.
Imagino a uno de los monos agarrado a la última rama, aturdido, no sabiendo si continuar hacia ese adelante temible o si volver para atrás. Y no hace nada, la rama se balancea, adelante, atrás, adelante, atrás. Nada, nada. Nada.

miércoles, 4 de abril de 2012

ours

Mendoza, febrero de 2012. Centro de atención al visitante del Parque provincial Aconcagua.

Dos turistas alemanes, vestidos de tiroleses, recién llegados en su Mercedes con patente alemana, discuten con la guía sobre el precio de entrada al parque: 10 pesos por persona, 2 euros. 
Harta ya la chica de tratar de convencerlos de que ese era un precio insignificante, que ni una pizza se compraban, en su inglés muy argentinizado le dice al alemán en respuesta a su comentario "las montañas son gratis":

 "this is free! -y señala estas montañas que se ven detrás del centro

"but, this is us" -señalando el Aconcagua, ahí, tan nevado él. 












Sí, es nuestro, ours, us, lo que quieras. Nuestro y hermoso.