Don Pablo miraba con sus ojos vacíos. Había pasado dos veces por la cárcel por ser cómplice. Le dice "necesario", cómplice necesario. Él se llamaba simplemente culpable. “Si estás al tanto –decía- si estás al tanto y no haces nada, la culpa te aplasta más fuerte a vos que al alma que idea y ejecuta. Esas almas –decía- esas almas no dudan, no piensan en otra posibilidad, no tienen fracturas. Entonces, hacen y ya. Sin culpa.”
- Pero van a la cárcel
- Sí, claro. Pero la culpa es algo impuesto y anecdótico, ajeno como la nacionalidad o el idioma de otros. Por eso ahí, en la cárcel, siguen creciendo, siguen tramando, siguen en marcha. No se derrumban. Siguen.
- En cambio usted, Don Pablo…
- En cambio gente como yo, se muere. Pero no tiene importancia, porque de una forma más sutil, ya veníamos muertos de antes.
martes, 19 de julio de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
sábado, 11 de junio de 2011
sí, pero no es J. (i)
- Me hizo bien venir. Cada vez escribo más, no puedo parar. ¿A vos?
- A mí no. Yo, seca. No sé, extraño tal vez. Tal vez es otra cosa. El lugar me encanta, me gusta estar acá, con vos, todo es nuevo y excitante, la gente no molesta, no interfiere, no afecta quiero decir. Sin embargo, no sé, hay algo que… no termina de cerrar. Hay algo que no es.
Él la mira un momento mientras lo asalta el recuerdo de cuando hablaban entre el humo de un cigarrillo compartido. Le suelta entonces la mirada pero le pasa el brazo sobre el hombro para dejar caer una pregunta de la que no espera respuesta: ¿”Qué será lo que tanto esperas?
Ella tose sobre un silencio incómodo y empieza a dibujar volutas de fantasías con palabras obsesivamente buscadas dentro de su cabeza. Habla y habla hasta que el relato se le va metiendo para adentro y se apaga.
Él seguía pensado en ellos cuando no esperaban la noche oyendo romper las olas sentados en un muelle destartalado y desierto, pensaba en esos que eran cuando la penumbra, el cigarro y el alcohol les preludiaban una madrugada de sexo urgente. Él pensaba en ellos, los que fueron, cuando rasgó la tibia pausa para decir: “Yo seguir vivo. Eso quiero”.
.
- A mí no. Yo, seca. No sé, extraño tal vez. Tal vez es otra cosa. El lugar me encanta, me gusta estar acá, con vos, todo es nuevo y excitante, la gente no molesta, no interfiere, no afecta quiero decir. Sin embargo, no sé, hay algo que… no termina de cerrar. Hay algo que no es.
Él la mira un momento mientras lo asalta el recuerdo de cuando hablaban entre el humo de un cigarrillo compartido. Le suelta entonces la mirada pero le pasa el brazo sobre el hombro para dejar caer una pregunta de la que no espera respuesta: ¿”Qué será lo que tanto esperas?
Ella tose sobre un silencio incómodo y empieza a dibujar volutas de fantasías con palabras obsesivamente buscadas dentro de su cabeza. Habla y habla hasta que el relato se le va metiendo para adentro y se apaga.
Él seguía pensado en ellos cuando no esperaban la noche oyendo romper las olas sentados en un muelle destartalado y desierto, pensaba en esos que eran cuando la penumbra, el cigarro y el alcohol les preludiaban una madrugada de sexo urgente. Él pensaba en ellos, los que fueron, cuando rasgó la tibia pausa para decir: “Yo seguir vivo. Eso quiero”.
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sábado, 21 de mayo de 2011
sin embargo
.
Volver a es imposible, I know it.
Es por eso quizás que ya no suelo recorrer los mismos caminos.
O por lo menos, no con la misma visión en mente.
Reconozco que he abandonado ciertos deseos.
Los dejé dormirse, resignarse, y eso está mal.
Siento que soy cuando escribo, pero...
Tal vez es que falta la historia, o sobra.
Tal vez haya despertado en un mundo donde lo real empieza a tener rasgos de lo tantas veces soñado y su resplandor encandila.
Seré fatalista, creo que la peor de las desdichas ha caído sobre mí: no me entusiasma la tarea de ser el dios creador de un personaje. Releo y entusiasmo no es lo que he perdido, es mejor decir que ya no siento la pasión, la locura, el vértigo, el abismo, la incredulidad, la confusión desde la que nace un personaje.
Tengo miedo a andar a tientas y así solo me queda el presente pasteurizado.
Sin embargo no estoy triste.
Y sin embargo, debería.
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Volver a es imposible, I know it.
Es por eso quizás que ya no suelo recorrer los mismos caminos.
O por lo menos, no con la misma visión en mente.
Reconozco que he abandonado ciertos deseos.
Los dejé dormirse, resignarse, y eso está mal.
Siento que soy cuando escribo, pero...
Tal vez es que falta la historia, o sobra.
Tal vez haya despertado en un mundo donde lo real empieza a tener rasgos de lo tantas veces soñado y su resplandor encandila.
Seré fatalista, creo que la peor de las desdichas ha caído sobre mí: no me entusiasma la tarea de ser el dios creador de un personaje. Releo y entusiasmo no es lo que he perdido, es mejor decir que ya no siento la pasión, la locura, el vértigo, el abismo, la incredulidad, la confusión desde la que nace un personaje.
Tengo miedo a andar a tientas y así solo me queda el presente pasteurizado.
Sin embargo no estoy triste.
Y sin embargo, debería.
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lunes, 4 de abril de 2011
ajado
. Lo peor de nuestas peleas de convivencia gastada es que me quedo sin brazos en donde refugiarme y sin tu voz para que me diga que ya no hay nada de qué preocuparse, que solo hay que soltarse y dejar fluir... .
lunes, 21 de marzo de 2011
Córdoba 2011
Su nombre, La Cumbre, sumerge en el espejismo de creerse muy alto, muy lejos; tanto que nada mejor puede haber más allá.
Mediodía de febrero, lluvia sin melancolía en un bar marrón oscuro frente a la estación de la que desde 1981 no llega ni sale nadie.
Pueblos de moda en épocas en que la tuberculosis empujaba a los ricos a dejar la ciudad. Hoy tiene esa cadencia de un aquí-ya-no-es atravesando el aire, a pesar de los coches último modelo, de las veredas nuevas, el asfalto cuidado, del wifi en cualquier bar.
Unos kilómetros más abajo, en La Falda: el hotel Edén. Pero esa es otra historia.
Pueblos de moda en épocas en que la tuberculosis empujaba a los ricos a dejar la ciudad. Hoy tiene esa cadencia de un aquí-ya-no-es atravesando el aire, a pesar de los coches último modelo, de las veredas nuevas, el asfalto cuidado, del wifi en cualquier bar.
Unos kilómetros más abajo, en La Falda: el hotel Edén. Pero esa es otra historia.
domingo, 20 de marzo de 2011
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