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Y si, parece que todas tenemos un él escondido dando vueltas por los sueños. Diurnos y nocturnos.
Parece que para todas hay (¿necesitamos?) un él con el que, de vez en cuando, nos gusta imaginar que compartimos algo inmoralmente único.
Un él que nuestra seducción reta a duelo para ganar siempre; un él con el que mantenemos (porque mantuvimos) recuerdos de sexos sofocados con fuego.
Son muchos él que nunca serán ellos.
Solitarios fantasmas privados, que a veces se nos aparecen para recordarnos que tal vez, a su lado, hubieramos sido otra.
Espectros sin rostro (aunque imite su cara) que rechazaron revoluciones que, creímos, ambos necesitábamos.
Un él, muchos él, que van y vienen, entran y salen, llegan y se van, mientras es el Cacho el que da vuelta la terrenal tira de asado que tanto le gusta preparanos, en estas noches tibias de viernes cuando está instalandose, felizmente, la primavera.
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viernes, 26 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
osadías dormidas
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El jueves compré un sillón usado por internet.
El viernes hablé con la vendedora, nos pusimos de acuerdo para ir a retirarlo el sábado a las 8:30 de la mañana (ella con toda la onda se ofreció a traerlo, pero hay que subirlo ocho pisos por escalera y se necesitan brazos entrenados). Por teléfono contraté un flete y ese mismo viernes, a la noche fui a pagárselo.
La noche del viernes al sábado, en mi cabeza replicaban las muchas cosas que podían fallar: sólo había visto el sillón por fotos y podría no ser igual, el flete podría no ir, el vendedor podría no estar a las 8:30 de la mañana (incluso no estar nunca), podría llevar más tiempo que la hora calculada y entonces me saldría una fortuna tener ese nuevo mueble en casa.
Esa noche, soñé que todas esas pequeñas catástrofes ocurrían juntas. Todas.
Pero además, soñé con él. Despues de tanto tanto tiempo, con él.
Hablábamos muy cerca uno del otro, nos preguntábamos como estábamos y él, casi sobre mi boca, me decía "no me tientes".
El sillón es precioso, los tiempos fueron los acordados y queda maravilloso en mi salón.
Y la sombra de él me falta un poco todavía.
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El jueves compré un sillón usado por internet.
El viernes hablé con la vendedora, nos pusimos de acuerdo para ir a retirarlo el sábado a las 8:30 de la mañana (ella con toda la onda se ofreció a traerlo, pero hay que subirlo ocho pisos por escalera y se necesitan brazos entrenados). Por teléfono contraté un flete y ese mismo viernes, a la noche fui a pagárselo.
La noche del viernes al sábado, en mi cabeza replicaban las muchas cosas que podían fallar: sólo había visto el sillón por fotos y podría no ser igual, el flete podría no ir, el vendedor podría no estar a las 8:30 de la mañana (incluso no estar nunca), podría llevar más tiempo que la hora calculada y entonces me saldría una fortuna tener ese nuevo mueble en casa.
Esa noche, soñé que todas esas pequeñas catástrofes ocurrían juntas. Todas.
Pero además, soñé con él. Despues de tanto tanto tiempo, con él.
Hablábamos muy cerca uno del otro, nos preguntábamos como estábamos y él, casi sobre mi boca, me decía "no me tientes".
El sillón es precioso, los tiempos fueron los acordados y queda maravilloso en mi salón.
Y la sombra de él me falta un poco todavía.
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sábado, 20 de septiembre de 2008
historia
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Me pregunto, a veces: ¿qué parte de la historia se estan perdiendo algunos?
Otra veces, me respondo: ninguna, no es que no la vean, es que son protagonistas, pero de la vereda de enfrente. Callados, pero haciendo, en silencio, por acción u omisión.
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Me pregunto, a veces: ¿qué parte de la historia se estan perdiendo algunos?
Otra veces, me respondo: ninguna, no es que no la vean, es que son protagonistas, pero de la vereda de enfrente. Callados, pero haciendo, en silencio, por acción u omisión.
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martes, 16 de septiembre de 2008
domingo, 14 de septiembre de 2008
domingo, 17 de agosto de 2008
plagio desubicado a Federico
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Se acerca el verano, o mejor dicho, se acerca el tiempo para ir pensando qué voy a hacer este verano.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago.
Calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
Sí, pero de Chile: ¿porqué no?
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Se acerca el verano, o mejor dicho, se acerca el tiempo para ir pensando qué voy a hacer este verano.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago.
Calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
Sí, pero de Chile: ¿porqué no?
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sábado, 16 de agosto de 2008
no positivos
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Como cada uno toma de la realidad lo que le conviene, me quedo con la definición 7 y 5 (en ese orden) de la pasión según la RAE.
Me gusta la gente que vive con apetito o afición vehemente a algo, aunque eso le provoque perturbación o afecto desordenado del ánimo.
El baile, la enseñanza, la pintura, la poesía, la plástica, el derecho, el cine, la literatura inglesa son las pasiones que mueven a las personas que más quiero.
Los he visto, los veo, transformarse en extraordinarios cuando la pasión les desordena el ánimo. Su vehemancia es una ola invisible que empapa, que llena de vida.
Ellos no son positivos; no cierran las puertas, niegan o temen a la tristeza, la depresión, el abatimiento o el desconsuelo. Los aceptan, los incorporan, los fagocitan, los devoran y los devuelven modificados, modificándose.
Yo tampoco soy una persona positiva.
Creo en tener actitud para reir, para llorar, para decir no cuando hay que hacerlo, para celebrar cuando hay que celebrar, para desgarrarse cuando la vida así lo impone.
Siento una pasión descontrolada por este país y este continente que tanto duelen, por ejemplo.
Siento una pasión includicable por las palabras y sus matices aunque sé que a veces no alcanzan.
Con ellas armo juegos, escaleras, capas de mago; atajos, sustitutos, armaduras; todo para llegar a rincones que no conozco o para volver a recorrer regiones que antes fueron abrasivas.
Nuestras pasiones evitan que el dolor nos aplaste.
Nos vuelven ardientes, persistentes; perdedores y triunfantes a la vez.
Apasionados, así es como somos la mayor parte de nuestro tiempo juntos
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Como cada uno toma de la realidad lo que le conviene, me quedo con la definición 7 y 5 (en ese orden) de la pasión según la RAE.
Me gusta la gente que vive con apetito o afición vehemente a algo, aunque eso le provoque perturbación o afecto desordenado del ánimo.
El baile, la enseñanza, la pintura, la poesía, la plástica, el derecho, el cine, la literatura inglesa son las pasiones que mueven a las personas que más quiero.
Los he visto, los veo, transformarse en extraordinarios cuando la pasión les desordena el ánimo. Su vehemancia es una ola invisible que empapa, que llena de vida.
Ellos no son positivos; no cierran las puertas, niegan o temen a la tristeza, la depresión, el abatimiento o el desconsuelo. Los aceptan, los incorporan, los fagocitan, los devoran y los devuelven modificados, modificándose.
Yo tampoco soy una persona positiva.
Creo en tener actitud para reir, para llorar, para decir no cuando hay que hacerlo, para celebrar cuando hay que celebrar, para desgarrarse cuando la vida así lo impone.
Siento una pasión descontrolada por este país y este continente que tanto duelen, por ejemplo.
Siento una pasión includicable por las palabras y sus matices aunque sé que a veces no alcanzan.
Con ellas armo juegos, escaleras, capas de mago; atajos, sustitutos, armaduras; todo para llegar a rincones que no conozco o para volver a recorrer regiones que antes fueron abrasivas.
Nuestras pasiones evitan que el dolor nos aplaste.
Nos vuelven ardientes, persistentes; perdedores y triunfantes a la vez.
Apasionados, así es como somos la mayor parte de nuestro tiempo juntos
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