sábado, 20 de octubre de 2007

instantáneas

“Me gusta mucho estar en los sitios en las ocasiones excepcionales.”
Italo Calvino, de Ermitaño en París.

Imagino,
a mi amigo, el que no se autodestruye, con su cámara en la mano en cada salida. Una herramienta para mirar distinto lo que hay. Una llave para soñar la excepción.
Imagino
a alguien leyendo un mail de un desconocido que le agradece haberle hecho recordar qué es estar en paz.
Imagino
la expresión en la cara de un extranjero frente a un mar, el mío, el nuestro, tan imperioso y pertinaz.

Y sonrío
por una felicidad que bulle a borbotones dentro mío, sin razón, sin motivo.
Una obsesiva excepción en medio de la tormenta.

viernes, 19 de octubre de 2007

Una y otra vez, una y otra, y otra vez…

20 canciones. Ya casi una semana así.
Salgo de casa, a pilotear problemas ajenos que me importan cada vez menos, después de vuelta a casa, a mi estudio. Y de nuevo, play.
Suenan ritmos oxigenando la realidad, y en los huecos aparecen –reaparecen- viejas voluptuosidades. Deseos, contactos, placeres. Sensaciones, futuros imprecisos.

Ya no me avergüenzo de nada, otra y otra vez.

jueves, 18 de octubre de 2007

Lo de cada uno

Lo que cada víctima puede aguantar es tan subjetivo como lo que cada sádico desee herir.
No es cuestión de medir fuerzas. No resisten cálculos ni equivalencias.
Hay que abandonar el juego ahí donde se detecte.
Y como dicen los españoles, a vivir que son dos días…

(Para Barbi, que cayó primero)

sábado, 13 de octubre de 2007

Queriendo sol

Manolo Tena de fondo otra vez. ¿Seré la única persona en el mundo que lo escucha en este instante?
Son canciones tristes para un sábado a la tarde: sí, bueno, pero no es por eso. Cada vez que lo escucho me acuerdo de un cuento que escribí hace mucho tiempo, donde un tipo con sus rasgos pero desamparado, se instalaba por unos días en la casa de una pareja amiga. Él, llegaba con su abismo profundísimo justo en el momento en el que ella y él, la pareja contenedora, empezaban a darse cuenta de que se querían, pero ya no se amaban.

El cuento se perdió en la gran mudanza. Un diskete mal grabado y ya no existe.
Será cobardía o pereza, pero me parece que el recuerdo es mejor de lo que llegó a ser el relato.
Hoy, Manolo Tena, la ella y el él de la ficción, el desamparado y yo, en un octavo piso, en una tarde nublada. Creo que hay demasiada gente en mi interior soñando una mañana de sol, una mañana donde desayunar juntos, muy lejos de los abismos.

domingo, 7 de octubre de 2007

Silencios

A veces es difícil decirle a un amigo/a las cosas que una, desde afuera y con una subjetividad absoluta, ve que le están haciendo mal. Claro, la convención dice que si somos amigos/as no debería existir esa dificultad.
Tal vez sea que le doy una carga de verdad revelada a mis palabras que hace que, desde el vamos, sea un monólogo y no una charla. Una charla de esas que se intuye más o menos como empieza, pero que va creándose caprichosa a medida que avanza hacia algún lugar que tal vez no exista nunca.
Tal vez sea un miedo horrible y cobarde a decirle a alguien que amo que creo que se está autodestruyendo. Nada más, nada menos. Y ese pavor me hace pensar en que quizás me equivoque o que no soy quien con esta vida que tengo o que… aunque siga sintiendo lo contrario. Tal vez no haya que tener la propia vida resuelta o encaminada para poder tirar una soga a un amigo/a en un naufragio.
O, tal vez, no exista ese naufragio, pero es que me falta tu alegría, me falta tu presencia única y singular, me falta verte luchar y ganar o perder y seguir luchando.
Me faltas vos, vivo como antes, querido mío y no se cómo decírtelo.