domingo, 28 de noviembre de 2010

preparando la despedida

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Ya no hay ganas de recorrer ciertos lugares. Ya no hay vocación de escribidora para algunas mismas historias. Ya no hay encuentro con su voz debajo de esas cabeceras.
Quizás es un nuevo ciclo que se cierra con las mismas costuras con que se cerraron otros.

Tal vez el presentimiento de un nuevo tiempo invite a decir hasta luego.
Tal vez, algo nuevo.

En este universo que elegimos tener como epicentro,
un destino posible es tu voz, tus ojos, tus manos. Tu voz.

Un nuevo relato requiere, circunstancialmente, un nuevo relator. O, un nuevo relato está gestando, lentamente, un nuevo narrador.

http://aguafuertesdemarozia.blogspot.com/2010/11/en-gestacion.html

saludos,
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sábado, 13 de noviembre de 2010

saberes

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Él sabe como hacerlo; sabe como hacerlo y por eso le digo que lo amo.
Pero no es cierto: no es por eso que lo amo, aunque conoce tantas cosas.
De todas ellas, de las cosas que sabe o de las que le salen sutilmente bien, la que más me enamora es su don de la palabra justa para distraerme. Pero no es la distracción de mí lo que más me impacta: es ese repentino cambio de coordenadas que desata con apenas un par de sus palabra. O cuatro, o tal vez diez; ni que hablar de las incontables que devienen en madrugadas brumosas.
Y yo no sé cómo sabe, pero lo sabe, cuando ya está bien de palabras y entonces las calla y me mira a los ojos y ya nada puede ser más intrascendente.
En ese mar de seguridades extranjeras me gusta nadar. Quedarme sin aliento. Volver a respirar.
Quizás lo extrañe a veces, aún cuando fuma a mi lado. Pero sé que conoce el camino de vuelta y con eso por hoy alcanza.
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lunes, 18 de octubre de 2010

"Aprendan a ser valientes y libres y no se dejen asustar por palabras. Esto es ser macho y lo demás es pura convención"

Witold Gombrowicz

viernes, 15 de octubre de 2010

vuelve Silvio...

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Una mañana, no se a cuento de qué, en la radio pasan "Canción del elegido". Se cuela en mi cama de hoy aquel atardecer en esa desvencijada casa de campo sin luz, con los amigos, casi todos pero no el que tanto habla, no está y hay un enorme espacio de silencios para llenar en voz baja, despacio, para contar o cantar, para que una cosa lleve a otra y otra a todo, a todos.
Días o metros más allá, se presenta esa frase: "si pienso que fui hecho para soñar al sol y para decir cosas que despierten amor, como es posible entonces que duerma entre saltos de angustia y horror" Y ya no estoy acá sino entonces, en los 22, amando en silencio a un aspirante a galán que consentía sin aceptar, mientras yo luchaba inconsciente contra los estragos helados del abandono.
Hoy viernes noche, a solas con you tube en casa, repaso la lista hasta llegar a la "Pequeña serenata diurna". Bajo la luz, subo el volumen , cierro los ojos, y ahí estamos, acunados en alcohol,
drogas y amor, bajando casi al borde de la mañana hacia Cala Gracioneta, con Fernando andando con la guitarra apuntando al cielo, dedicando la pequeña serenata a su Isa. Queda noche todavía y en el agua todos provocando chispas de "fosfitos" reales o alucinados.

Viernes, noche, octavo piso. Silvio ya me dijo casi todo, la llave en la puerta anuncia otro trovador.
Buen, buen fin de semana.

"lo más terrible se aprende enseguida, lo hermoso nos cuesta la vida"

lunes, 11 de octubre de 2010

ausencia

El sol congelando el aire hasta que quema, el agua escurriendo en ríos que enlodan a su paso, palabras ovidadas que refluyen en la memoria, miradas extraviadas entre un aquí y un acá. Todo eso, solo eso, es lo que abre la cercanía de tu asuencia.

domingo, 3 de octubre de 2010

después del jueves inexorable, un sábado banal

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Lo inexorable
El jueves llego a casa a las 7 de la tarde después de todo un día de dar vueltas alejada de radios, tv y diarios online. Enciendo la radio y esto es lo primero que escucho: "Es muy grave la situación en Ecuador. Correa permanece secuestrado". Intento seguir escuchando pero no logro entender, el miedo obnubila y todos los datos parecen pocos. Empiezo a llamar por teléfono y me entero de lo que pasa. Hay que esperar y estar pegado a la tele. Llama mi hermana e intercambiamos insultos, miedos, esperanzas, ánimos. Yo siempre tan en mi papel, le digo que seguro no va a pasar nada, que en cualquier momento se resuelve todo y Correa sale al balcón (muy pasionalmente sudaca eso de salir a los balcones). Ella me dice: "ya salió, ¿no lo viste desde la ventana del hospital diciendo que lo quieren matar?" No, no lo vi. La dejo y me voy frente a la tele porque es obvio que me falta data visual.
Paso las horas a control remoto pasando canales . Me quedo en el Siete (la televisión pública) porque habla Correa por teléfono con la televisión pública ecuatoriana desde adentro del hospital donde lo tienen rodeado. Tanta mediatización me confunde, pero no es momento de analizar las formas. Pedro (Brieguer) desde la pantalla nos aclara que no es uno de esos golpes de estado que tanto conocemos, ya no más el formato años '70, ahora vienen así: más cámaras encendidas, más presidentes secuestrados o encerrados, más civiles opositores en las calles reclamando muertos.
Se hacen las 10 o las 11 de la noche y en la pantalla de la tele se ve movimiento de soldados queriendo entrar al hospital, coches que pasan a velocidad de huida y se quedan a esperar en la puerta. El audio no reproduce esa imagen sino que registra el diálogo entre un periodista que está en el estudio y otro que desde adentro del edificio cuenta que los enfermos y sus médicos están muertos de miedo, que los gases no dejan ver nada, que lo ve pasar a Correa, que bajan las escaleras desde el tercer piso al primero y ahí se queda, el periodista, diciendo cada dos palabras "esto es muy peligroso" mientras las cámaras muestran como los coches que esperaban, arrancan y se alejan con el presidente a salvo.
Al rato, Rafael Correa desde el balcón, con medio cuerpo afuera en algunos momentos, es una tromba indignada, seguida -acompañada y vista- por el mundo entero.
Ya está, ya pasó, ya me puedo ir a dormir tranquila. O casi.

Lo banal
Sábado en casa de mi hermana, reunión de chicas en el estudio. "Qué miedo el jueves", "qué bárbaro este Correa", "menos mal que no pasó de ahí". Ahora si es tiempo de análisis, de preguntas, de búsqueda. Hasta que una de nosotras salta con un tímido: "¿no lo vieron en la ventana del hospital, aflojándose la corbata y la camisa?" Silencio, cualquier comentario parecería demasiado superficial. Y al fin...
"¡qué bueno que está este tipo!" "¡qué viril!" "¡qué macho!"
Risas y otra vez la necesidad de imagen y sonido. Tiene que estar en you tube, claro que si, no estamos solas en esto. Y estaba.
Para algunos, un payaso. Para otras, un subidón de libido difícil de olvidar.
Así, sin medias tintas y todo mezclado.

Así es Latinoamérica, así somos los latinamericanos: los desacuerdos nos violentan, nos separan irracionalmente de vereda y casi siempre esto lo pagamos con vidas humanas. Pasiones descontroladas que se ponen en juego, juegos peligrosos de los que salimos vivos y candentes o muertos y doloridos para siempre. O las dos cosas a la vez.

Esta vez, de esta partida salen favorecidos la democracia y el club de fans de Rafael Correa.
Lo inexorable y lo banal de picnic en esta caliente primavera sudamericana.

http://www.youtube.com/watch?v=GHpHD7K_taY

miércoles, 18 de agosto de 2010

para qué

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Apenas controlo el lenguaje coloquial, con suerte balbuceo firuletes con el lenguaje escrito; siempre acosada por una duda paralizante: ¿qué es lo que tengo para decir? ¿para qué?

Caprichosa, dispuesta a seguir buscando razones de osadía, desde el sábado pasado me animé con una nueva lengua: la fotografía. El taller (de eso se trata) se llama: De la imagen a la fotografía. Sí, precisamente ese camino es al que quería entrar para poder transitarlo con los sentidos despiertos. Cuatro horas intensas de observar y ver y mirar y recorrer y desglosar y reconstruir fotografías de consagrados y compañeros.
La idea propuesta por el profesor de taller es que encontremos un nuevo lenguaje, que lo podamos leer y, con suerte, hablar con estilo propio.

Esta semana, cámara en mano, me desplazo titubeando ante imágenes presuntas. Pero salta la duda, la vieja pero no herrumbrada duda, que me sujeta por los pies y no me deja avanzar:
¿para qué? ¿que tengo para decir?
Y ahí, de pronto, no va que se completa incómoda la frase. En definitiva es siempre lo mismo: ¿que tengo para decir, que puedo decir para que te quedes conmigo?
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