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Si escribiera sobre ustedes, si me figurara que algunos personajes de mi cuento fueran como ustedes, tendría que convivir algunos meses con los recuerdos de sus caras, sus gestos, sus impresentables actitudes.
Tendría que revivirlos. Pero no quiero. Que no sean en mi vida.
Tal vez tendría que odiarlos e intentar que padezcan en la ficción por lo que se niegan a ver en la realidad. O ridiculizarlos para que produzcan, aunque sea en la fantasía, alguna alegría alguna vez para alguien.
Sería como darles vida cuando en realidad pertenecen a la oscuridad.
No, de verdad no me gusta la idea. Pero se están poniendo tan recurrentes…
viernes, 29 de febrero de 2008
miércoles, 27 de febrero de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
xx
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¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese “no”?
Significa, por ejemplo, “las cosas han durado ya demasiado”, “hasta ahora sí, en adelante no”, “van demasiado lejos”, y también “hay un límite que no rebasarás”. En suma, ese “no” afirma la existencia de una frontera.
Albert Camus, El hombre rebelde.
Para todos los que tienen ganas de dejar de sufrir al pedo y siempre por las mismas cosas…
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¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese “no”?
Significa, por ejemplo, “las cosas han durado ya demasiado”, “hasta ahora sí, en adelante no”, “van demasiado lejos”, y también “hay un límite que no rebasarás”. En suma, ese “no” afirma la existencia de una frontera.
Albert Camus, El hombre rebelde.
Para todos los que tienen ganas de dejar de sufrir al pedo y siempre por las mismas cosas…
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lunes, 25 de febrero de 2008
no se puede
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Ella se mira en el espejo para dibujarse una fina línea oscura sobre sus pestañas.
En la tele alguien grita indefinidamente en la comedia banal de las 10.
Ella se concentra en el trazo pero un milímetro antes de terminar, su corazón desenlaza en palpitaciones nerviosas.
Ella no es lo que imaginó ser. Lo que dijo ser. Lo que intentó que todos creyeran que era.
Apartó su delineador de esos ojos empañados, probó fijar la mirada en esa carcomida mujer que la acusaba desde el espejo y no pudo.
No pudo, no.
Por suerte nadie estaba ahí para llamarla patética.
Ella se mira en el espejo para dibujarse una fina línea oscura sobre sus pestañas.
En la tele alguien grita indefinidamente en la comedia banal de las 10.
Ella se concentra en el trazo pero un milímetro antes de terminar, su corazón desenlaza en palpitaciones nerviosas.
Ella no es lo que imaginó ser. Lo que dijo ser. Lo que intentó que todos creyeran que era.
Apartó su delineador de esos ojos empañados, probó fijar la mirada en esa carcomida mujer que la acusaba desde el espejo y no pudo.
No pudo, no.
Por suerte nadie estaba ahí para llamarla patética.
domingo, 24 de febrero de 2008
silvio que sabe tanto
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En busca de un sueño hermoso y rebelde
En busca de un sueño que gana y que pierde.
En busca de un sueño de bella locura
En busca de un sueño que mata y que cura
En busca de un sueño desatan ciclones
En busca de un sueño cuántas ilusiones
En busca de un suelo abraza el amante
En busca de un sueño partí con mi día
En busca de un sueño, que no hay,
todavía.
(si, es más tranquilizador pensar que uno conquista irefutablemente ciertas cosas como se compra el diario del día, pero no...)
Acá estamos, usted sabe.
En busca de un sueño hermoso y rebelde
En busca de un sueño que gana y que pierde.
En busca de un sueño de bella locura
En busca de un sueño que mata y que cura
En busca de un sueño desatan ciclones
En busca de un sueño cuántas ilusiones
En busca de un suelo abraza el amante
En busca de un sueño partí con mi día
En busca de un sueño, que no hay,
todavía.
(si, es más tranquilizador pensar que uno conquista irefutablemente ciertas cosas como se compra el diario del día, pero no...)
Acá estamos, usted sabe.
viernes, 22 de febrero de 2008
portero Sam
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Los yankies se sorprenden de que el mundo los desprecie. Creen que es envidia, que la desazón por no ser ellos nos impulsa a odiarlos.
¿Y los porteros?
Ellos también son inocentes de los crímenes de los que se los acusa. Jamás chusmas, nunca vagos, ni en sus planes ser fachos.
Mañana iban a venir a ponerme banda ancha, pero resulta que el portero no presta la llave de la terraza. Parece que es la única persona responsable del planeta, el único que puede darse cuenta si el señor del cable comete horrorosos actos de terrorismo.
De nada sirvió decirle al administrador del consorcio que yo me hacía responsable de cualquier problema que pudiera ocurrir. Nada. El portero manda.
Como los yankis: mi portero es de esos pocos privilegiados que saben lo que nos conviene, y cuando, y como.
Los yankies se sorprenden de que el mundo los desprecie. Creen que es envidia, que la desazón por no ser ellos nos impulsa a odiarlos.
¿Y los porteros?
Ellos también son inocentes de los crímenes de los que se los acusa. Jamás chusmas, nunca vagos, ni en sus planes ser fachos.
Mañana iban a venir a ponerme banda ancha, pero resulta que el portero no presta la llave de la terraza. Parece que es la única persona responsable del planeta, el único que puede darse cuenta si el señor del cable comete horrorosos actos de terrorismo.
De nada sirvió decirle al administrador del consorcio que yo me hacía responsable de cualquier problema que pudiera ocurrir. Nada. El portero manda.
Como los yankis: mi portero es de esos pocos privilegiados que saben lo que nos conviene, y cuando, y como.
jueves, 21 de febrero de 2008
Maicol de Avignon
Hay en Avignon un tipo que se viste y ve como Michael Jackson.
Un poco más negro, con el pelo engominado y un bucle cayendo sobre la frente. Lentes oscuros, zapatos con taco, camperita corta, ella si, negra oscura.
Pasamos por ahí un otoño. Empezaba a hacer frío y desde los bares de la peatonal junto al palacio de los papas, era terriblemente acogedor ver pasar a la gente al atardecer.
De pronto apareció él. Recorriendo la rambla de arriba a abajo, yendo como si no se diera cuenta de que todos (todos) lo miraban. Iba y venía, sin mirar a ningún otro lado que hacia la distancia efímera que se alejaba delante de sus ojos.
- ¡Mirá, parece Michael! –dijimos las tres sin quitarle la vista a los detalles.
Pasó hacia el sur, una vez más, hacia abajo, mostrando la espalda de su chaquetilla.
A la vuelta se detuvo y entró al mismo bar donde nosotras disfrutábamos del chismorreo.
Se sentó justo detrás nuestro
.
Juro, las tres juramos, que el mozo lo llamó “Michael”
En ese entonces el verdadero Jackson todavía no había incubado a sus tres hijos ni se sabía de lo solidario que era con tantos otros niños en su Neverland.
Pero seguro que al Michael de Avignon eso no le hizo mella.
Seguro seguirá recorriendo la peatonal de su pueblo, con el bucle engominado y la sonrisa agradecida cuando el mozo del bar lo saluda con un “bon jour, Michael”.
Un poco más negro, con el pelo engominado y un bucle cayendo sobre la frente. Lentes oscuros, zapatos con taco, camperita corta, ella si, negra oscura.
Pasamos por ahí un otoño. Empezaba a hacer frío y desde los bares de la peatonal junto al palacio de los papas, era terriblemente acogedor ver pasar a la gente al atardecer.
De pronto apareció él. Recorriendo la rambla de arriba a abajo, yendo como si no se diera cuenta de que todos (todos) lo miraban. Iba y venía, sin mirar a ningún otro lado que hacia la distancia efímera que se alejaba delante de sus ojos.
- ¡Mirá, parece Michael! –dijimos las tres sin quitarle la vista a los detalles.
Pasó hacia el sur, una vez más, hacia abajo, mostrando la espalda de su chaquetilla.
A la vuelta se detuvo y entró al mismo bar donde nosotras disfrutábamos del chismorreo.
Se sentó justo detrás nuestro
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Juro, las tres juramos, que el mozo lo llamó “Michael”
En ese entonces el verdadero Jackson todavía no había incubado a sus tres hijos ni se sabía de lo solidario que era con tantos otros niños en su Neverland.
Pero seguro que al Michael de Avignon eso no le hizo mella.
Seguro seguirá recorriendo la peatonal de su pueblo, con el bucle engominado y la sonrisa agradecida cuando el mozo del bar lo saluda con un “bon jour, Michael”.
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