1.
Entro en el baño después que vos. Te enojas, me decís que estoy loca. Cierro la puerta con el pasador. Me decís que estoy loca, que soy una desubicada. Yo me río y te beso. Te dejás besar, me mordés el labio de abajo y me decis que estoy loca. Que pueden vernos. El baño tiene una pileta, un espejo, una ducha y un retrete. Vos le decís inodoro. Es un rectángulo que se agregó al lado del horno industrial con bloques de hormigón y techo de chapa. Es como un sauna donde el calor viene por ósmosis, por el techo o de nosotros. Vos me decís descontrolada, chiquilina, loca. Te beso, te toco, me pego a vos. Vos me besas y me decís loca. Me separás violentamente y me decis así no. Abrís la puerta, te vas, me decís no.
No.
sábado, 20 de agosto de 2011
viernes, 19 de agosto de 2011
taller (i)
Taller
(Del fr. atelier).
1. m. Lugar en que se trabaja una obra de manos.
2. m. Escuela o seminario de ciencias o de artes.
3. m. Conjunto de colaboradores de un maestro.
3.
Los límites se me confunden, siempre me pasa. Debo aprender a comportarme, debo cambiar. Primero tengo que aprender de quién aprender. Mamá está todo el día en el taller, cose para afuera, afuera. No sabe coser para adentro. Una vez me hizo un enterito y la primera vez que lo usé se me manchó con grasa. No lo pude usar más. Ella no me cosió más tampoco. Yo aprendo rápido, no le pedí otro. Ella se desloma en el taller, lo hace por nosotras. El taller es su pira de sacrificio, por nosotras. Papá no, papá se fue y no hace nada por o para nosotras.
Papá me enseñó que esto no puede ser todo. Que hay algo más. Papá tiene un par de alas para regalarme pero yo no las quiero querer porque mamá se enoja. Ella es el ejemplo, ella va al taller. Él solo se va. Se va.
No.
(Del fr. atelier).
1. m. Lugar en que se trabaja una obra de manos.
2. m. Escuela o seminario de ciencias o de artes.
3. m. Conjunto de colaboradores de un maestro.
3.
Los límites se me confunden, siempre me pasa. Debo aprender a comportarme, debo cambiar. Primero tengo que aprender de quién aprender. Mamá está todo el día en el taller, cose para afuera, afuera. No sabe coser para adentro. Una vez me hizo un enterito y la primera vez que lo usé se me manchó con grasa. No lo pude usar más. Ella no me cosió más tampoco. Yo aprendo rápido, no le pedí otro. Ella se desloma en el taller, lo hace por nosotras. El taller es su pira de sacrificio, por nosotras. Papá no, papá se fue y no hace nada por o para nosotras.
Papá me enseñó que esto no puede ser todo. Que hay algo más. Papá tiene un par de alas para regalarme pero yo no las quiero querer porque mamá se enoja. Ella es el ejemplo, ella va al taller. Él solo se va. Se va.
No.
domingo, 7 de agosto de 2011
lo que queda
.
Todavía no sé por qué perdonamos a los alemanes.*
Tampoco entiendo por qué sus víctimas tomaron su mismo camino. No tan espantoso, no tan inhumano, pero sin duda, su mismo camino. O por lo menos, por sus mismas motivaciones.
Conozco las razones humanitarias de mi razón, entiendo las injustas trampas que tiende la generalización, pero con cada relato, con cada imagen, sigo pensando que fuimos, somos, demasiado generosos.
"Demasiado generosos" ¿Se puede usar estas dos palabras en una expresión que tenga sentido?
Estoy cada vez más adulta, cada vez más convencida, cada minuto con menos segundos que perder. No quiero perder el tiempo en respuestas a planteos psicóticos.
Ya no me sobra el tiempo, ya no nos sobra el tiempo.
El camino, porque sin duda es un camino, es áspero y cuesta arriba. A veces falta el aire: o por que no hay oxígeno disponible afuera o por que los pulmones están demasiado endurecidos para dejar fluir. El corazón pide más, el cerebro pide más y los músculos de las piernas comienzan a agarrotarse.
Falta aire, el aire para vivir sin el pequeño terror de pensar que al que tenés al lado le importa nada que te pongas azul a su derecha.
No puedo entender, o mejor, no quiero aceptar que la aniquilación del otro sea un principio y un valor para algunos. Aniquilación, es decir, desaparición, negación, indiferencia, sensación de ser uno superior a un otro que en casos extremos no mecere vivir y en casos mundanos, no se merece lo que tiene.
Me duele este mundo así como ellos quieren que sea.
Me duele saber que son parte de esta etapa del camino que compartimos indisolublemente.
Pensaba ayer, viendo cómo se organizaba durante la Segunda Guerra una resistencia urbana (girando la cabeza para no ver a los soldados nazis paseando por París) o rural (quemando sus casas en la URSS para dejar solo una "tierra arrasada"), si en ese momento alguien pensó: "Qué desgracia, solo una vida para vivir y me toca en estas circunstancias".
Quizás no tuvieron tiempo para pensar esa posibilidad, a todas vistas, imposible.
Pero, ¿qué pasa hoy? ¿tenemos tiempo para pensarlo? Y si lo tenemos, ¿vale la pena semejante ingenuidad?
¿Qué tan posible es refugiarnos en nuestro pequeño círculo de afectos, donde nadie quiere pisotear al otro, donde todos miramos en mayor o menor medida qué le está pasando al que tenemos cerca?
Como si pudiera cambiar una pulsión de siglos, espero a que el sol tibio del invierno porteño entre por mi ventana, para salvarme del dolor bosquejando respuestas.
Miento: mi madurez me acerca a una adolescencia para siempre suspendida.
Ya sé por qué perdonamos a los alemanes: no necesitamos que el otro muera para saber qué esta bien y qué es el mal.
.........
El agua caliente sale del termo rojo y se mezcla con la yerba para sacarle su mejor virtud. El borde de madera es el límite del mundo. Acerco la boca al extremo de la bombilla como si la vida estuviera esperando para entrar en mi cuerpo. Me acerco, sujeto el mate para que entibie mi mano y succiono despacio. La boca se inunda, las mejillas se contraen, la vista se pierde en el placer.
El sonido dulce del final anuncia triunfo y despierta el deseo en el prójimo.
Vuelvo a llenar el mate y esta vez es para vos.
De nuevo el sonido y vuelta a empezar.
........
Hace mucho que no escribo, tal vez ya nadie esté del otro lado, pero hoy no quiero dejar este mundo donde el egoísmo no existe y los otros, todos los otros, acceden a ser compañeros en un mismo camino, en un mismo viaje.
* cascada de pensamientos surgidos después de ver el programa Apocalipsis, la Segunda Guerra Mundial la noche siguiente a que un compañero de trabajo se terminara por enécima vez el tarro de mayonesa que él no había comprado dejándolo vacío en la heladera.
Todavía no sé por qué perdonamos a los alemanes.*
Tampoco entiendo por qué sus víctimas tomaron su mismo camino. No tan espantoso, no tan inhumano, pero sin duda, su mismo camino. O por lo menos, por sus mismas motivaciones.
Conozco las razones humanitarias de mi razón, entiendo las injustas trampas que tiende la generalización, pero con cada relato, con cada imagen, sigo pensando que fuimos, somos, demasiado generosos.
"Demasiado generosos" ¿Se puede usar estas dos palabras en una expresión que tenga sentido?
Estoy cada vez más adulta, cada vez más convencida, cada minuto con menos segundos que perder. No quiero perder el tiempo en respuestas a planteos psicóticos.
Ya no me sobra el tiempo, ya no nos sobra el tiempo.
El camino, porque sin duda es un camino, es áspero y cuesta arriba. A veces falta el aire: o por que no hay oxígeno disponible afuera o por que los pulmones están demasiado endurecidos para dejar fluir. El corazón pide más, el cerebro pide más y los músculos de las piernas comienzan a agarrotarse.
Falta aire, el aire para vivir sin el pequeño terror de pensar que al que tenés al lado le importa nada que te pongas azul a su derecha.
No puedo entender, o mejor, no quiero aceptar que la aniquilación del otro sea un principio y un valor para algunos. Aniquilación, es decir, desaparición, negación, indiferencia, sensación de ser uno superior a un otro que en casos extremos no mecere vivir y en casos mundanos, no se merece lo que tiene.
Me duele este mundo así como ellos quieren que sea.
Me duele saber que son parte de esta etapa del camino que compartimos indisolublemente.
Pensaba ayer, viendo cómo se organizaba durante la Segunda Guerra una resistencia urbana (girando la cabeza para no ver a los soldados nazis paseando por París) o rural (quemando sus casas en la URSS para dejar solo una "tierra arrasada"), si en ese momento alguien pensó: "Qué desgracia, solo una vida para vivir y me toca en estas circunstancias".
Quizás no tuvieron tiempo para pensar esa posibilidad, a todas vistas, imposible.
Pero, ¿qué pasa hoy? ¿tenemos tiempo para pensarlo? Y si lo tenemos, ¿vale la pena semejante ingenuidad?
¿Qué tan posible es refugiarnos en nuestro pequeño círculo de afectos, donde nadie quiere pisotear al otro, donde todos miramos en mayor o menor medida qué le está pasando al que tenemos cerca?
Como si pudiera cambiar una pulsión de siglos, espero a que el sol tibio del invierno porteño entre por mi ventana, para salvarme del dolor bosquejando respuestas.
Miento: mi madurez me acerca a una adolescencia para siempre suspendida.
Ya sé por qué perdonamos a los alemanes: no necesitamos que el otro muera para saber qué esta bien y qué es el mal.
.........
El agua caliente sale del termo rojo y se mezcla con la yerba para sacarle su mejor virtud. El borde de madera es el límite del mundo. Acerco la boca al extremo de la bombilla como si la vida estuviera esperando para entrar en mi cuerpo. Me acerco, sujeto el mate para que entibie mi mano y succiono despacio. La boca se inunda, las mejillas se contraen, la vista se pierde en el placer.
El sonido dulce del final anuncia triunfo y despierta el deseo en el prójimo.
Vuelvo a llenar el mate y esta vez es para vos.
De nuevo el sonido y vuelta a empezar.
........
Hace mucho que no escribo, tal vez ya nadie esté del otro lado, pero hoy no quiero dejar este mundo donde el egoísmo no existe y los otros, todos los otros, acceden a ser compañeros en un mismo camino, en un mismo viaje.
* cascada de pensamientos surgidos después de ver el programa Apocalipsis, la Segunda Guerra Mundial la noche siguiente a que un compañero de trabajo se terminara por enécima vez el tarro de mayonesa que él no había comprado dejándolo vacío en la heladera.
martes, 19 de julio de 2011
sí, pero no es J. (ixx)
Don Pablo miraba con sus ojos vacíos. Había pasado dos veces por la cárcel por ser cómplice. Le dice "necesario", cómplice necesario. Él se llamaba simplemente culpable. “Si estás al tanto –decía- si estás al tanto y no haces nada, la culpa te aplasta más fuerte a vos que al alma que idea y ejecuta. Esas almas –decía- esas almas no dudan, no piensan en otra posibilidad, no tienen fracturas. Entonces, hacen y ya. Sin culpa.”
- Pero van a la cárcel
- Sí, claro. Pero la culpa es algo impuesto y anecdótico, ajeno como la nacionalidad o el idioma de otros. Por eso ahí, en la cárcel, siguen creciendo, siguen tramando, siguen en marcha. No se derrumban. Siguen.
- En cambio usted, Don Pablo…
- En cambio gente como yo, se muere. Pero no tiene importancia, porque de una forma más sutil, ya veníamos muertos de antes.
- Pero van a la cárcel
- Sí, claro. Pero la culpa es algo impuesto y anecdótico, ajeno como la nacionalidad o el idioma de otros. Por eso ahí, en la cárcel, siguen creciendo, siguen tramando, siguen en marcha. No se derrumban. Siguen.
- En cambio usted, Don Pablo…
- En cambio gente como yo, se muere. Pero no tiene importancia, porque de una forma más sutil, ya veníamos muertos de antes.
lunes, 18 de julio de 2011
sábado, 11 de junio de 2011
sí, pero no es J. (i)
- Me hizo bien venir. Cada vez escribo más, no puedo parar. ¿A vos?
- A mí no. Yo, seca. No sé, extraño tal vez. Tal vez es otra cosa. El lugar me encanta, me gusta estar acá, con vos, todo es nuevo y excitante, la gente no molesta, no interfiere, no afecta quiero decir. Sin embargo, no sé, hay algo que… no termina de cerrar. Hay algo que no es.
Él la mira un momento mientras lo asalta el recuerdo de cuando hablaban entre el humo de un cigarrillo compartido. Le suelta entonces la mirada pero le pasa el brazo sobre el hombro para dejar caer una pregunta de la que no espera respuesta: ¿”Qué será lo que tanto esperas?
Ella tose sobre un silencio incómodo y empieza a dibujar volutas de fantasías con palabras obsesivamente buscadas dentro de su cabeza. Habla y habla hasta que el relato se le va metiendo para adentro y se apaga.
Él seguía pensado en ellos cuando no esperaban la noche oyendo romper las olas sentados en un muelle destartalado y desierto, pensaba en esos que eran cuando la penumbra, el cigarro y el alcohol les preludiaban una madrugada de sexo urgente. Él pensaba en ellos, los que fueron, cuando rasgó la tibia pausa para decir: “Yo seguir vivo. Eso quiero”.
.
- A mí no. Yo, seca. No sé, extraño tal vez. Tal vez es otra cosa. El lugar me encanta, me gusta estar acá, con vos, todo es nuevo y excitante, la gente no molesta, no interfiere, no afecta quiero decir. Sin embargo, no sé, hay algo que… no termina de cerrar. Hay algo que no es.
Él la mira un momento mientras lo asalta el recuerdo de cuando hablaban entre el humo de un cigarrillo compartido. Le suelta entonces la mirada pero le pasa el brazo sobre el hombro para dejar caer una pregunta de la que no espera respuesta: ¿”Qué será lo que tanto esperas?
Ella tose sobre un silencio incómodo y empieza a dibujar volutas de fantasías con palabras obsesivamente buscadas dentro de su cabeza. Habla y habla hasta que el relato se le va metiendo para adentro y se apaga.
Él seguía pensado en ellos cuando no esperaban la noche oyendo romper las olas sentados en un muelle destartalado y desierto, pensaba en esos que eran cuando la penumbra, el cigarro y el alcohol les preludiaban una madrugada de sexo urgente. Él pensaba en ellos, los que fueron, cuando rasgó la tibia pausa para decir: “Yo seguir vivo. Eso quiero”.
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sábado, 21 de mayo de 2011
sin embargo
.
Volver a es imposible, I know it.
Es por eso quizás que ya no suelo recorrer los mismos caminos.
O por lo menos, no con la misma visión en mente.
Reconozco que he abandonado ciertos deseos.
Los dejé dormirse, resignarse, y eso está mal.
Siento que soy cuando escribo, pero...
Tal vez es que falta la historia, o sobra.
Tal vez haya despertado en un mundo donde lo real empieza a tener rasgos de lo tantas veces soñado y su resplandor encandila.
Seré fatalista, creo que la peor de las desdichas ha caído sobre mí: no me entusiasma la tarea de ser el dios creador de un personaje. Releo y entusiasmo no es lo que he perdido, es mejor decir que ya no siento la pasión, la locura, el vértigo, el abismo, la incredulidad, la confusión desde la que nace un personaje.
Tengo miedo a andar a tientas y así solo me queda el presente pasteurizado.
Sin embargo no estoy triste.
Y sin embargo, debería.
.
Volver a es imposible, I know it.
Es por eso quizás que ya no suelo recorrer los mismos caminos.
O por lo menos, no con la misma visión en mente.
Reconozco que he abandonado ciertos deseos.
Los dejé dormirse, resignarse, y eso está mal.
Siento que soy cuando escribo, pero...
Tal vez es que falta la historia, o sobra.
Tal vez haya despertado en un mundo donde lo real empieza a tener rasgos de lo tantas veces soñado y su resplandor encandila.
Seré fatalista, creo que la peor de las desdichas ha caído sobre mí: no me entusiasma la tarea de ser el dios creador de un personaje. Releo y entusiasmo no es lo que he perdido, es mejor decir que ya no siento la pasión, la locura, el vértigo, el abismo, la incredulidad, la confusión desde la que nace un personaje.
Tengo miedo a andar a tientas y así solo me queda el presente pasteurizado.
Sin embargo no estoy triste.
Y sin embargo, debería.
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