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uf, no quiero ir a dormir para despertarme mañana tan igual...
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lunes, 19 de julio de 2010
viernes, 9 de julio de 2010
se acabó el pimentón!
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Uf, vengo un poco atrasada. Es que estamos en plena "guerra de dios", ya saben. Menos mal que el pulpo paul ya nos dio la victoria (sin duda la bandera blanca y amarilla no le gusta nada, siempre prefiere la roja)
ya vuelvo...
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Uf, vengo un poco atrasada. Es que estamos en plena "guerra de dios", ya saben. Menos mal que el pulpo paul ya nos dio la victoria (sin duda la bandera blanca y amarilla no le gusta nada, siempre prefiere la roja)
ya vuelvo...
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jueves, 17 de junio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
tránsito
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La abúlica pasividad de la rutina, por fin, decanta.
Parece que no se mueve, parece que no muta, pero tarde o temprano, deviene en porvenir.
Digo: por venir.
Me agobia levantarme a la misma hora, tomar ese colectivo o aquel otro, llegar siempre los mismos minutos tarde, hacer la mismas pruebas (o unas semejantes) en ese programa en constante metamorfosis (ya casi es un monstruo), me embola tener que zigzaguear los intentos para que trabaje el doble por la misma paga, me irritan esos cinco o diez minutos de más que nos obligan a quedarnos para preguntar: "¿qué tal estuvo el día?". La caminata de vuelta, el colectivo de vuelta, las compras (¿es que siempre falta algo en esta bendita casa?). Las mismas cinco horas libres para intentar reparar tanta estupidez empresarial. Las mismas cinco, porque son las mismas, de lunes a viernes, iguales, idénticas.
Ya casi no leo, ya casi no escribo, ya casi no voy a eventos sociales porque me perecen tan, tan iguales a si mismos.
En circunstancias normales me mudaría de barrio, de provincia, de país, de continente. Ya lo hice dos veces, hace 20 años, hace 10 años. No sirve, claro. Tampoco sirve.
Recomiendan nuevos estímulos, nuevos roces, nuevos tactos, nuevas miradas, nuevos sabores, nuevos ritmos. ¿Pero no será el siempre-no-oler lo que me complica la vida? El siempre no...
"R e v o l u c i o n e s s e b u s c a n"
Contemplo desde demasiado cerca a mi desosegado espíritu, otra vez, deseando extranjerías...
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La abúlica pasividad de la rutina, por fin, decanta.
Parece que no se mueve, parece que no muta, pero tarde o temprano, deviene en porvenir.
Digo: por venir.
Me agobia levantarme a la misma hora, tomar ese colectivo o aquel otro, llegar siempre los mismos minutos tarde, hacer la mismas pruebas (o unas semejantes) en ese programa en constante metamorfosis (ya casi es un monstruo), me embola tener que zigzaguear los intentos para que trabaje el doble por la misma paga, me irritan esos cinco o diez minutos de más que nos obligan a quedarnos para preguntar: "¿qué tal estuvo el día?". La caminata de vuelta, el colectivo de vuelta, las compras (¿es que siempre falta algo en esta bendita casa?). Las mismas cinco horas libres para intentar reparar tanta estupidez empresarial. Las mismas cinco, porque son las mismas, de lunes a viernes, iguales, idénticas.
Ya casi no leo, ya casi no escribo, ya casi no voy a eventos sociales porque me perecen tan, tan iguales a si mismos.
En circunstancias normales me mudaría de barrio, de provincia, de país, de continente. Ya lo hice dos veces, hace 20 años, hace 10 años. No sirve, claro. Tampoco sirve.
Recomiendan nuevos estímulos, nuevos roces, nuevos tactos, nuevas miradas, nuevos sabores, nuevos ritmos. ¿Pero no será el siempre-no-oler lo que me complica la vida? El siempre no...
"R e v o l u c i o n e s s e b u s c a n"
Contemplo desde demasiado cerca a mi desosegado espíritu, otra vez, deseando extranjerías...
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domingo, 6 de junio de 2010
Solo el amor
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Esta bien, es domingo a la noche, el ánimo es de domingo a la noche y me da remordimientos tener el blog tan abandonado. Quizás por eso, sepan disculpar, esta confesión trasnochada y simplota que aquí me pongo a cantar.
Para mí, a pesar de tanto desastre, a pesar de mi actual inmovilidad (ando un poco solita, y si), a pesar de lo dura que es la rutina y la abstinencia, a pesar o quizás por eso, estoy absolutamente convencida de que lo más importante y motivador del mundo es el amor. Ese amor difícil, ese amor que complica, que duele a veces, que transforma siempre y que nos hace completamente felices y plenos en alguno de sus pocos momentos de clímax. Solo el amor.
Por eso, solamente por eso, en estos días en que arrebatos de odio demuelen brotes de vida por doquier, hay dos cuestiones que me devuelven a lo simple.
En estos días, cuando el senado argentino está evaluando modificar la ley de matrimonio civil para que personas del mismo sexo puedan casarse, me cuesta entender que haya quienes se oponen. No se, me parece que es tan difícil encontrar el amor, el amor que moviliza, que completa, tan difícil y tan maravilloso, que no encuentro razones para oponerse a que aquellos que lo vivan, que lo sientan, lo celebren como se debe, sean Marta y Manuel, Manuel y Miguel o Marta y Mariana.
Privar a otros de la celebración de la alegría se está poniendo de moda, ¡qué porquería!
El otro hecho que me ayuda a sobrellevar este domingo nocturno tan cercado por la rutina, es pensar que tal vez, en unos meses, algo encaje correctamente en su sitio olvidado. Las Abuelas de Plaza de Mayo, nominadas al Nobel de la Paz, tal vez sean las elegidas y los cursos "naturales" del amor y de la historia alinearán su astros con la verdad que tranquiliza. Si, es cierto que si ese premio el año pasado lo ganó Obama ya tenemos mucho de valor perdido y desprestigio ganado. Pero ese premio para esas mujeres esculpidas en amor del bueno, será un premio capitalizable dentro de este país donde algunos sectores todavía las desprecian y difaman.
Dos hechos, domingo a la noche y solo un poco de amor para compartirles.
Nas'noches.
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Esta bien, es domingo a la noche, el ánimo es de domingo a la noche y me da remordimientos tener el blog tan abandonado. Quizás por eso, sepan disculpar, esta confesión trasnochada y simplota que aquí me pongo a cantar.
Para mí, a pesar de tanto desastre, a pesar de mi actual inmovilidad (ando un poco solita, y si), a pesar de lo dura que es la rutina y la abstinencia, a pesar o quizás por eso, estoy absolutamente convencida de que lo más importante y motivador del mundo es el amor. Ese amor difícil, ese amor que complica, que duele a veces, que transforma siempre y que nos hace completamente felices y plenos en alguno de sus pocos momentos de clímax. Solo el amor.
Por eso, solamente por eso, en estos días en que arrebatos de odio demuelen brotes de vida por doquier, hay dos cuestiones que me devuelven a lo simple.
En estos días, cuando el senado argentino está evaluando modificar la ley de matrimonio civil para que personas del mismo sexo puedan casarse, me cuesta entender que haya quienes se oponen. No se, me parece que es tan difícil encontrar el amor, el amor que moviliza, que completa, tan difícil y tan maravilloso, que no encuentro razones para oponerse a que aquellos que lo vivan, que lo sientan, lo celebren como se debe, sean Marta y Manuel, Manuel y Miguel o Marta y Mariana.
Privar a otros de la celebración de la alegría se está poniendo de moda, ¡qué porquería!
El otro hecho que me ayuda a sobrellevar este domingo nocturno tan cercado por la rutina, es pensar que tal vez, en unos meses, algo encaje correctamente en su sitio olvidado. Las Abuelas de Plaza de Mayo, nominadas al Nobel de la Paz, tal vez sean las elegidas y los cursos "naturales" del amor y de la historia alinearán su astros con la verdad que tranquiliza. Si, es cierto que si ese premio el año pasado lo ganó Obama ya tenemos mucho de valor perdido y desprestigio ganado. Pero ese premio para esas mujeres esculpidas en amor del bueno, será un premio capitalizable dentro de este país donde algunos sectores todavía las desprecian y difaman.
Dos hechos, domingo a la noche y solo un poco de amor para compartirles.
Nas'noches.
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miércoles, 26 de mayo de 2010
duda razonable
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¿si no podés amar aquello de lo que formas parte: a qué fantasma le estar regalando tus besos?
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¿si no podés amar aquello de lo que formas parte: a qué fantasma le estar regalando tus besos?
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martes, 25 de mayo de 2010
190, 200, 205, 210...
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Si es cursi decir y sentir con orgullo excultante que una ama a su país, peor, a su patria, y bueno, tendré que aceptarme cursi.
Desde hace 10 años, cuando decidí volver a vivir "en casa" (en lo familiar, en donde una encuentra referencias, en donde una reconoce igualdad aún entre los defectos de los otros) cada vez que escucho y deseo cantar el himno, no puedo porque lloro. Me emociono hasta que se me nublan los ojos con lágrimas que no llegan a salir, se me cierra la garganta y me salen gorgoteos y no palabras. Beneficio (o castigo) de las mujeres: el llanto está siempre disponible para decir lo que las palabras no alcanzan a contar.
Estamos de cumpleaños, el 200, y Buenos Aires (espero que el país entero) es una fiesta. Salimos a la calle a juntarnos para vivir la parte de la Argentina que nos enorgullece: algunos van a ver desfiles militares, otros desfiles de comunidades provinciales y extranjeras, otros van a escuchar folcklore, otros tango, otros a León Gieco, Kapanga, y hasta a Fito Paéz. Otros van a comer y beber en los stands de provincias, visitan a las Madres y Abuelas y hasta se tramitan el DNI. Todos en las calles con nuestras diferencias a cuestas pero unidos por nuestas semejanzas. En estos tiempo donde la tolerancia es un valor a conquistar (yo te tolero pero ojalá no estuvieras ahi) y no el respeto, es un avance.
¿Que durará lo que duren los espectáculos? es posible, pero hoy salis a la calle y la gente está contenta. Mi amiga Gabriela dice que ojalá sea un inicio de un nuevo país.
Igual ya tenemos este, que no está mal (hace 10 años era un completo desastre y dolía en el pecho o en el alma) y esperemos podamos seguir haciendolo mejor. Y la única forma es hacerlo juntos, parte a parte, dentro de este extraordinario marco latinoamericano que también estamos viviendo.
En fin, que amo a este país con mis emociones irracionales y con toda mi razón (y sus razones)
Amar nunca está de mas y sigo pensando, quizás por haber vivido tantas ausencias, que cuando se tiene la oportunidad es la única razón de osadía que hace falta.
Y ahora, a celebrar.
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Si es cursi decir y sentir con orgullo excultante que una ama a su país, peor, a su patria, y bueno, tendré que aceptarme cursi.
Desde hace 10 años, cuando decidí volver a vivir "en casa" (en lo familiar, en donde una encuentra referencias, en donde una reconoce igualdad aún entre los defectos de los otros) cada vez que escucho y deseo cantar el himno, no puedo porque lloro. Me emociono hasta que se me nublan los ojos con lágrimas que no llegan a salir, se me cierra la garganta y me salen gorgoteos y no palabras. Beneficio (o castigo) de las mujeres: el llanto está siempre disponible para decir lo que las palabras no alcanzan a contar.
Estamos de cumpleaños, el 200, y Buenos Aires (espero que el país entero) es una fiesta. Salimos a la calle a juntarnos para vivir la parte de la Argentina que nos enorgullece: algunos van a ver desfiles militares, otros desfiles de comunidades provinciales y extranjeras, otros van a escuchar folcklore, otros tango, otros a León Gieco, Kapanga, y hasta a Fito Paéz. Otros van a comer y beber en los stands de provincias, visitan a las Madres y Abuelas y hasta se tramitan el DNI. Todos en las calles con nuestras diferencias a cuestas pero unidos por nuestas semejanzas. En estos tiempo donde la tolerancia es un valor a conquistar (yo te tolero pero ojalá no estuvieras ahi) y no el respeto, es un avance.
¿Que durará lo que duren los espectáculos? es posible, pero hoy salis a la calle y la gente está contenta. Mi amiga Gabriela dice que ojalá sea un inicio de un nuevo país.
Igual ya tenemos este, que no está mal (hace 10 años era un completo desastre y dolía en el pecho o en el alma) y esperemos podamos seguir haciendolo mejor. Y la única forma es hacerlo juntos, parte a parte, dentro de este extraordinario marco latinoamericano que también estamos viviendo.
En fin, que amo a este país con mis emociones irracionales y con toda mi razón (y sus razones)
Amar nunca está de mas y sigo pensando, quizás por haber vivido tantas ausencias, que cuando se tiene la oportunidad es la única razón de osadía que hace falta.
Y ahora, a celebrar.
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