lunes, 10 de mayo de 2010

De pronto nuestra amistad se vació de palabras,
faltaron tantas complicidades como cotidianidades.
Fue entonces cuando tuvimos que dejarla.
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domingo, 2 de mayo de 2010

Tarde de domingo (III)

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¿Cuántas clases de alegrías hay? ¿cuántas de sonrisas? ¿cuántos tipos de felicidades?
Domingo a la tarde, vamos a ver Fuerzabruta (www.fuerzabruta.net) al Centro Cultural Recoleta. ¿Cómo explicar sin describir? ¿Cómo, cuando las palabras no alcanzan?
Lo fácil: es lo más. Pero para eso no posteo nada. Hay que ser un poco más.
Fuerzabruta no sirve para nada. Es. (eso dicen ellos mismos)
De pie en sala llena. De vez en cuando viene bien ese roce, esa unificación de movimientos, ese sudor compartido. El ruido aturdidor que obliga a ejercitar los otros sentidos. A desconectar, sobrevolando lo real o lo realista.
El público no participa, forma parte. Herido. Festejando.
No son sólo las sonrisas, los gritos compartidos, la liviandad y/o la liberación. El cuerpo siente, ven (y no ven) los ojos, vibran las gargantas, los pies, los estómagos. Es la belleza de las formas, de los movimientos, de los chicos. Es.
Festejando.
Saltar abrazada a los amigos. Intercambiar caras sonrientes con desconocidos. Gritar y reirse, bailar, explotar con una risa que viene de adentro. Solos, a merced de una endorfinas que sonrien también.
Y unas vibrantes y vigorosas bocas rojas empujando hacia una sensibilidad colectiva, universal.

Uno de esos espectáculos que no hay que perderse y que se quedan (eso espero) pegados como papel picado sobre los cuerpos exaustos, satisfechos. Gozosos.
Gracias!
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sábado, 10 de abril de 2010

Semana en Baires (II)

Sábado

Tres de la tarde, entra todo el sol de otoño por las ventanas. La ciudad se esconde tras los ruidos, pero me pongo los auriculares, me acomodo en el sillón y...

Ya llega el sol, ya llega el sol y yo digo que todo está bien.

Cariño, ha sido un largo, frío y solitario invierno.
Cariño, parece como que hubiera durado años.

Ya llega el sol, ya llega el sol y yo digo que todo está bien.

Cariño, las sonrisas vuelven a las caras.
Cariño, parece que hace años que no está aquí.

El sol, el sol, el sol aquí llega.

Cariño, siento como el hielo se derrite lentamente.
Cariño, parece que hace años que no está claro.

Aquí llega el sol, aquí llega el sol y yo digo que todo esta bien.

viernes, 9 de abril de 2010

Semana en Baires (I)

Viernes

Nueve de la noche, subte a casa. Vagón destartalado que parece querer desintegrarse en cada metro recorrido (vagón-gelatina: ¿tanto juego tiene que tener?). Casi todos solos, salvo tres amigos en las butacas del otro lado del pasillo. Me siento yo primera, mirando hacia adelante, del lado de la ventanilla. Se sienta un hombre a mi lado pero apenas giro la cabeza para mirarlo. Por el costado del ojo veo o intuyo que no es mayor, él también mira al frente pero sin observar nada. Salvo por dos pequeños lunares en su mejilla izquierda no parece tener nada que lo haga único. Casi saliendo de la estación sube un último pasajero. Se sienta frente a mi; como si no lo hiciera, como si mirada más allá de él, lo descuartizo con la mirada.
De unos 30 años, más o menos. Todo el brazo derecho tatuado como si fuera un salón de la Alambra. Muñequera gruesa de cuero, casi suelta. El otro brazo tiene también pequeños tatuajes: en la mano izquierda, una palmera. Mientras desenmaraña los cables de su Ipod lo miró un poco más descaradamente. Barba más que incipiente, remera negra con siluetas en gris, camisa verde abierta, bolso nike (mirando bien, todo parece tener marca), gorra verde con visera. Se la arquea un poco más, se la acomoda un poco para atrás, otro poco para adelante. Pequeño piercing en la nariz, hermosos ojos verdes. Tiene ese algo, ese toque de no-bueno que incita. Inquieta, dan ganas. Seguro sabe pecar. No lo miró mucho. No lo dejo de mirar.
Siguiente parada. Sube una mujer asida a un bolso con dos o tres plantas. No las reconozco, no se sus nombres pero ella seguro que si. Se sienta en frente, junto al James McAvoy porteño, y saca una hoja pequeña dentro de una bolsa de plástico. La observa atentamente. ¿Qué busca? ¿Qué encuentra? Quien sabe. Ella ya no es joven, el pelo tirante hacia atrás recogido en un rodete. Anteojos rectangulares como los de todos. Ya nadie usa anteojos de lectura redondos. La moda manda. El resto no se le distingue: solo rodete, lentes y plantas sobre su regazo.
Siguiente estación y miró por la ventana.
No sé, fijándome en sus particularidades -una trenza, unos labios, una mirada suave, una forma de pararse, ese peinado salvaje- hoy todo el mundo me parece hermoso.
Sin duda, los viernes soy casi feliz.
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jueves, 25 de marzo de 2010

de plaza con todos a plaza entre todos

Artistas confirmados:

ALEJANDRA BOCQUEL - ALEJANDRA DE IPOLA - CECILIA HERNANDEZ - CECILIA MAGNO - CECILIA RIZZO - MARIA CRISTINA OGGERO - DANIEL PEITTI - DIEGO LAZCANO - DISTILLA TZARA - EMANUEL DOCCO - ESTELA POCZTALJON - FABIAN ZANARDINI - GABRIELA BILBAO - IRENE RONCHETTI - JULIAN KOPP - LAURA BRUGNONI - LAURA MAZZINI - LEONARDO OCCHIPINTI y ROY AMARU - LORENA NIS - LUIS MORADO - MARCOS LUCZKOW - MARIA JOSE LOSADA - MARTIN ARANGOA - MERLIN TINTI - NORBERTO JOSE MARTINEZ - OMAROMAR - PALOMA ABATE - PAOLA COLLIA - PINNY - REINA ESCOFET - ROSA CAMPANAPUCCI - SILVANA CASTRO - SILVIA CALVO - SILVIA SALCEDO - SILVINA GRUPPO - VERONICA GANUN

miércoles, 24 de marzo de 2010

presente

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Otro 24,
y acá estamos, preparándonos para hacer muchas cosas que nos ligan a la vida.
Nosotros, de lo único por lo que sentimos espanto es de la muerte y sus secuaces.
Otra vez
a caminar juntos
a gritar presente tres veces
a escuchar los tambores.

Es la rutina más importante a la que jamás quisiera haber tenido que acceder.

Pero hoy es 24 de marzo
34 años del golpe

Nunca, pero nunca, nunca más!

martes, 16 de marzo de 2010

Exilios

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Mientras busco poemas, converso con amigos (reales o literarios) sobre Montevideo.

Montevideo. Durante mucho tiempo no sabía que existía. En términos de deseo digo, estaba ahí, pero jamás se me hubiera ocurrido visitarla. Después, cuando apenas empezaba a ser independiente, fue que dejé todo y crucé el océano. Allá, en Ibiza, conocí a Dani y él me enseñó que a pesar de estar tan cerca, tenemos nuestras diferencias, y a pesar de nuestras diferencias, somos casi lo mismo. La palabra sería hermanos si no estuviera tan trillada.


Montevideo es una ciudad hermosa. No como Florencia, no como París. Es hermosa porque parece pueblo, porque parece Buenos Aires pero sin tanta prisa, porque parece europea desde varios lados (un toque español, otro francés, otro alemán que yo reconozca), porque tiene esa costanera y ese río que parece mar. Pero a no confundirse: su encanto no es porque parece otras cosas, sino porque es otra cosa. Única, serena, respetuosa con su historia, nada pretenciosa, amigable. Amable.

No me dejo convencer de que mi amor por Latinoamérica es más fuerte y más profundo después de mi etapa europea. Es verdad que a veces hace falta mirarse desde afuera para reconocerse.

Pienso en mi lejanía elegida y en los exilios en los que otros debieron renacerse. Pienso en Benedetti escribiendo poemas en Madrid mientras todo su cuerpo y su alma extrañaba su "paisito". Pienso a lo que estamos expuestos: los cambios y lo permanente. Las circunstancias, nuestras derrotas y nuestras victorias sobre ellas.

El exilio es una daga que si no nos mata, nos obliga a vivir mejor, a vivir más fuerte, más profundo. Salimos otros de su vientre, con una parte amputada para siempre, con una parte nueva que hay que aprender a dominar. Por eso es que diría Don Mario que cantando, venciendo derrotas, seremos reconocidos como militantes de la vida.
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