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Un día voy a tener que aprender a escribir la felicidad para no tener que recurrir siempre al mismo poema, de Juan Gelman, claro, por supuesto que si.
Hoy que estoy tan alegre, que me dicen,
me miro el pecho y rio, miro me
la estatura, el reloj, la camisa,
me miro a carcajadas, vea usted,
este asunto comienza en mi esqueleto
(perdón por la palabra) estoy alegre
compañero, le digo, cuello arriba
y cuello abajo río, qué es no se,
me levanté tan simple como siempre
y tan juan como suelo entré a la calle,
salud, ciudad, le dije, acaricié
la mañana de paso, fui hasta el hombre
más triste y le di un sueño,
compañero
qué me pasa, me río y qué es no sé,
tengo un tumulto de violines vivos,
me nace un pájaro en la boca,
¡al tren!
¿quién se ha muerto? ¡mentira!
los marinos
se enamoraron de una estrella
¿y que?
Salud, ciudad, le dije, compañero,
y en una esquina el aire le besé
como un loco, me miran los zaguanes,
las ventanas, un árbol, qué es no sé,
me sacudo el recuerdo, los pañuelos,
las caricias de anoche, busco en
mis ojazos de pibe entre cuadernos,
violetas tiernas y una madre y qué
me pasa, estoy alegre, río, corro,
me cantan los zapatos,
los zapatos,
ciudad, ciudad, hoy te amo como nunca,
hoy no te hiero, apenas hoy si te
toco, apenas si rozo tu armadura
de asfalto y piedra y barro y hombres de
cojón y viento, apenas si te digo
mañanero, salud.
Y me detengo.
Me río.
Estoy alegre.
Y qué es no sé.
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sábado, 4 de abril de 2009
viernes, 3 de abril de 2009
Imágenes textuales - Norberto José Martínez

Expo de mi amigo (y ahora editor!) Norberto Martínez.
Todos invitados para la inauguración de hoy a las 19hs.
Termina el 25 de abril
El sábado 18, esa "Perfo-lectura colectiva"
nos incluye a Laura Mazzini, Germán Weissi y a mí.
Por ahora, de nuestra parte, no están previstas performances de ningún tipo
pero nunca se sabe...
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jueves, 2 de abril de 2009
repetir no es insistir
.
Lo espero apoyada en la pared de la costanera, frente a ese río tan marrón como inmenso como mío. El avión se retrasó una hora y no voy a volver a casa para volver a volver a esperarlo. Él viene y vuelve, esta tarde, de esta primera vez fuera de mí desde que estamos juntos.
...
No me gusta el enorme espacio de espera de los aeropuertos, salvo que la que se este yendo sea yo o que los que espero estén a dos segundos de un abrazo. No me gusta esperar porque esperé demasiado dejar de esperar algún día. Por eso crucé la avenida y me vine a pasar el rato mirando el río vivo.
...
Miro sin pensar en cosas más concretas que en horizonte marrón, barco a lo lejos, sol susurrando en la piel, y caigo en la cuenta de que muchos miedos y amores nacieron para mí en ese lugar.
Una noche, pequeña e inquieta, me trepé a esa pared para mirar el río. Una negrura desde la que apuntaban pilotes de madera rancia me dicta un miedo al agua cuando no tiene a la luz para quitarle el misterio.
Desde esa pared o aferrada a las rejas de la vereda de enfrente, aprendí el fragor de las partidas y las llegadas y el estruendo que provocan en unos oídos ansiosos de más y más.
A ese lugar fuimos la vez que necesitamos un lugar tranquilo para conocer el cuerpo del otro con unos dedos incansables, con unos labios acalorados.
...
El aire está asombrosamente limpio. Trae un rugido desde lejos y a vos en sus entrañas.
Celebremos.
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Lo espero apoyada en la pared de la costanera, frente a ese río tan marrón como inmenso como mío. El avión se retrasó una hora y no voy a volver a casa para volver a volver a esperarlo. Él viene y vuelve, esta tarde, de esta primera vez fuera de mí desde que estamos juntos.
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No me gusta el enorme espacio de espera de los aeropuertos, salvo que la que se este yendo sea yo o que los que espero estén a dos segundos de un abrazo. No me gusta esperar porque esperé demasiado dejar de esperar algún día. Por eso crucé la avenida y me vine a pasar el rato mirando el río vivo.
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Miro sin pensar en cosas más concretas que en horizonte marrón, barco a lo lejos, sol susurrando en la piel, y caigo en la cuenta de que muchos miedos y amores nacieron para mí en ese lugar.
Una noche, pequeña e inquieta, me trepé a esa pared para mirar el río. Una negrura desde la que apuntaban pilotes de madera rancia me dicta un miedo al agua cuando no tiene a la luz para quitarle el misterio.
Desde esa pared o aferrada a las rejas de la vereda de enfrente, aprendí el fragor de las partidas y las llegadas y el estruendo que provocan en unos oídos ansiosos de más y más.
A ese lugar fuimos la vez que necesitamos un lugar tranquilo para conocer el cuerpo del otro con unos dedos incansables, con unos labios acalorados.
...
El aire está asombrosamente limpio. Trae un rugido desde lejos y a vos en sus entrañas.
Celebremos.
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miércoles, 1 de abril de 2009
lunes, 30 de marzo de 2009
una A provoca un 6
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Las chicas somos así, como impredecibles pero no.
Algo como que un golpe en la rodilla desencadena un alzamiento del pie, o que una depresión termine en día de compras o un deseo de cambio en un corte de pelo.
Todo superficialmente hablando, no esperen ustedes, señores, que devele secretos que deberían descubrir por ustedes mismos.
Pero bueno, sin grandes detalles, una A provoca un 6 y es así de simple.
Por esto o por aquello, por charlas que faltan, por novedades que animan, hace días que andamos dando vueltas a esta extranjería tan arraigada (y esto sí que es una contradicción), casi coyuntural.
El sábado, harta de estar sentada en las seis sillas del comedor, en la cama, en la silla de la computadora, en el sillón o en el suelo delante del sillón, agarré el termo, el mate y El silenciero (sí, Di Benedetto otra vez) y me senté en el pasillo, donde siempre se sienta el gato, frente a la puerta del estudio y mirando hacia la ventana.
Un cambio de óptica. La casa en silencio, el mate a punto, la lectura justa.
Mirar lo mismo con ojos nuevos.
La extranjería puede ser un lujo, una herramienta, un vértigo, una vocación.
Y bueno, lo que decía. Esta mañana me compré una cámara de fotos: si vamos a ser extranjeros, que sea a lo bestia.
Pensé que me bastaba dar media vuelta y todo quedaría concluido. Pero toda una playa vibrante de sol se apretaba detrás de mi. Sabía que no iba a librarme del sol desplazándome un paso.
El extranjero, Albert Camus
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Las chicas somos así, como impredecibles pero no.
Algo como que un golpe en la rodilla desencadena un alzamiento del pie, o que una depresión termine en día de compras o un deseo de cambio en un corte de pelo.
Todo superficialmente hablando, no esperen ustedes, señores, que devele secretos que deberían descubrir por ustedes mismos.
Pero bueno, sin grandes detalles, una A provoca un 6 y es así de simple.
Por esto o por aquello, por charlas que faltan, por novedades que animan, hace días que andamos dando vueltas a esta extranjería tan arraigada (y esto sí que es una contradicción), casi coyuntural.
El sábado, harta de estar sentada en las seis sillas del comedor, en la cama, en la silla de la computadora, en el sillón o en el suelo delante del sillón, agarré el termo, el mate y El silenciero (sí, Di Benedetto otra vez) y me senté en el pasillo, donde siempre se sienta el gato, frente a la puerta del estudio y mirando hacia la ventana.
Un cambio de óptica. La casa en silencio, el mate a punto, la lectura justa.
Mirar lo mismo con ojos nuevos.
La extranjería puede ser un lujo, una herramienta, un vértigo, una vocación.
Y bueno, lo que decía. Esta mañana me compré una cámara de fotos: si vamos a ser extranjeros, que sea a lo bestia.
Pensé que me bastaba dar media vuelta y todo quedaría concluido. Pero toda una playa vibrante de sol se apretaba detrás de mi. Sabía que no iba a librarme del sol desplazándome un paso.
El extranjero, Albert Camus
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jueves, 26 de marzo de 2009
curaciones
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mierda
pasó otra vez.
Empieza primero como un rechazo, un "no, si no me interesa". Pero eso es por unos días. Después viene el buscar en internet, el chat, los mails y esos recuerdos rápidos que atraviesan el pensamiento más pueril.
Y empiezo a escribir frases más o menos mentirosas. Más o menos que cada vez son más y más.
Y ya está.
Ya estoy extrañando de nuevo. Ya siento que me falta, que me gustaría estar hablando raro, que me gustaría tener ojos de extranjera, de nuevo.
Y a ese amor tan conmovedor que sé que siento se le incrustan percebes de ausencias, de lugares en los que no estoy y en los que me gustaría, también, estar.
Y me siento una loca deshilachada.
Y me pregunto porqué de vez en cuando se me desatan los hilos que deberían retenerme, porqué hago mal los nudos. El otoño no justifica: soy persona y no pato.
D., con ese pragmatismo masculino que lo caracteriza, me dice: "y si, claro, siempre te va a pasar."
Y si, claro, siempre se me va a pasar.
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mierda
pasó otra vez.
Empieza primero como un rechazo, un "no, si no me interesa". Pero eso es por unos días. Después viene el buscar en internet, el chat, los mails y esos recuerdos rápidos que atraviesan el pensamiento más pueril.
Y empiezo a escribir frases más o menos mentirosas. Más o menos que cada vez son más y más.
Y ya está.
Ya estoy extrañando de nuevo. Ya siento que me falta, que me gustaría estar hablando raro, que me gustaría tener ojos de extranjera, de nuevo.
Y a ese amor tan conmovedor que sé que siento se le incrustan percebes de ausencias, de lugares en los que no estoy y en los que me gustaría, también, estar.
Y me siento una loca deshilachada.
Y me pregunto porqué de vez en cuando se me desatan los hilos que deberían retenerme, porqué hago mal los nudos. El otoño no justifica: soy persona y no pato.
D., con ese pragmatismo masculino que lo caracteriza, me dice: "y si, claro, siempre te va a pasar."
Y si, claro, siempre se me va a pasar.
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Garrel, otra vez
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claro que si, cómo que no!
ahi vamos, los sobrevivientes de "Los amantes regulares", trastocados para siempre por la poesía (dicen) de Phillipe Garrel y el triste fumar de Louis, otra vez rumbo al cine, no por "cómo me gustan las películas de este tipo!" (agreguesé tono snob) sino como quien acompaña con felicidad la exposición del amigo artista.
Parece que alguien ya lo dijo antes, pero según se ve, a los seres humanos les cuesta renunciar a lo que les produce algún sentimiento intenso.
Por eso Garrel, porque casi seguro que no es por gusto, pero descoloca, filma en blanco y negro, lentamente, lejos de lo que la tele impone, mirando lo que los demás se pierden por estar mirando las luces, con el peligro constante de pasarse de la raya, atrapándote en un mundo otro, donde no sabes si reir o aguantar, donde agarrás la cartera porque otro minuto más asi no me lo banco, ¿a dónde va?, y te quedás, hasta el final y volvés, la próxima vez, a La Frontière de l´aube por ejemplo, a ver si esa sorpresa sigue ahi, esperando para ser sentida.
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claro que si, cómo que no!
ahi vamos, los sobrevivientes de "Los amantes regulares", trastocados para siempre por la poesía (dicen) de Phillipe Garrel y el triste fumar de Louis, otra vez rumbo al cine, no por "cómo me gustan las películas de este tipo!" (agreguesé tono snob) sino como quien acompaña con felicidad la exposición del amigo artista.
Parece que alguien ya lo dijo antes, pero según se ve, a los seres humanos les cuesta renunciar a lo que les produce algún sentimiento intenso.
Por eso Garrel, porque casi seguro que no es por gusto, pero descoloca, filma en blanco y negro, lentamente, lejos de lo que la tele impone, mirando lo que los demás se pierden por estar mirando las luces, con el peligro constante de pasarse de la raya, atrapándote en un mundo otro, donde no sabes si reir o aguantar, donde agarrás la cartera porque otro minuto más asi no me lo banco, ¿a dónde va?, y te quedás, hasta el final y volvés, la próxima vez, a La Frontière de l´aube por ejemplo, a ver si esa sorpresa sigue ahi, esperando para ser sentida.
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