Las salinas son uno de esos lugares que se muestran a los amigos cuando van de visita a Ibiza.
Unos grandes piletones de tierra, de pocos centímetros de profundidad, que se inundan con agua de mar por unas pequeñas acequias, para que se evapore con el sol y deje la sal en el suelo. Después se la junta en montañas para ir sacándola en camiones.
Están cerca del aeropuerto, se ven desde el aire y también desde la sala de embarque, y se atraviesan, sobre un camino de tierra estrechísimo, para llegar a las playas que están del otro lado, como la nudista más famosa: es Cavallet.
Son realmente hermosas, llenas de reflejos de sol, con una bandada estacionaria de flamencos rosados de patas larguísimas y vuelos rasantes y la contundencia histórica además, de haber sido creadas por los romanos cuando ocuparon la isla.
Son una combinación de economía, historia y belleza juntas.
Ayer llegó a la playa de Ses Salines una patera (que son como los barcos que se dibujan en la escuela, madera nada más) con nueve africanos argelinos. Iban a Alicante, pero se perdieron por un temporal.
Empapados, muertos de frío y sed, al ser rescatados algunos fueron a parar al hospital y otros a la cárcel.
“Sólo vengo a trabajar, no me hagan volver” pedían.
¿Quién organizó el mundo de esta manera tan absurda?
Seguro que la economía y la historia, las muy déspotas...
jueves, 17 de enero de 2008
domingo, 13 de enero de 2008
algunas noches de verano
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Los recuerdos son todavía más subjetivos que la observación diaria. En el día a día una ve, mira, analiza y siente en medio de un verdad-consecuencia muy activo. Lo bueno y lo malo junto, difícil hacerse la sota.
Pero en los recuerdos, hay cosas que se conservan mejor que otras.
Hoy me parece que todas las noches de verano en Ibiza eran serenas, dulces, agradables. No puede ser así, pero tampoco me voy a poner tan racional.
Me recuerdo en las noches, todas las noches, sentada en alguna terracita o patio, en casa de amigos fuera del pueblo, con charla, cigarro, botellita de cerveza, semi-oscuridad y estrellas. Y por un momento, esa tranquilidad, ese liso perfecto como dice mi crema de peinar, me arrulla todavía.
Son breves instantes, una especie de alivio en medio de está vorágine que me tiene atrapada, reclamándome ser más y exigiendo mucha más satisfacción para mis deseos.
Los recuerdos son todavía más subjetivos que la observación diaria. En el día a día una ve, mira, analiza y siente en medio de un verdad-consecuencia muy activo. Lo bueno y lo malo junto, difícil hacerse la sota.
Pero en los recuerdos, hay cosas que se conservan mejor que otras.
Hoy me parece que todas las noches de verano en Ibiza eran serenas, dulces, agradables. No puede ser así, pero tampoco me voy a poner tan racional.
Me recuerdo en las noches, todas las noches, sentada en alguna terracita o patio, en casa de amigos fuera del pueblo, con charla, cigarro, botellita de cerveza, semi-oscuridad y estrellas. Y por un momento, esa tranquilidad, ese liso perfecto como dice mi crema de peinar, me arrulla todavía.
Son breves instantes, una especie de alivio en medio de está vorágine que me tiene atrapada, reclamándome ser más y exigiendo mucha más satisfacción para mis deseos.
sábado, 12 de enero de 2008
a las palabras, querida, hay que provocarlas
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Hace un par de días que el calor dejó de ser tan inhumano. Buenos Aires se redibuja para los que todavía estamos acá.
Ahora tardo 20 minutos menos en llegar a casa desde el trabajo. Y con el cambio de hora, las tardes son más largas, las mañanas más nuevas. Parece que nos complementamos mejor: cuando me despierto no hace tanto que empezó el día, cuando se me acaban las fuerzas, también se apaga el sol.
Pero lo que más me impresiona es el silencio. O casi. Hay menos gente, hay menos coches, y el ruido de la ciudad es más leve.
Buenos Aires es como un bar populoso con sólo la mitad de los clientes. Pero abierto, siempre abierto.
Hace un par de días que el calor dejó de ser tan inhumano. Buenos Aires se redibuja para los que todavía estamos acá.
Ahora tardo 20 minutos menos en llegar a casa desde el trabajo. Y con el cambio de hora, las tardes son más largas, las mañanas más nuevas. Parece que nos complementamos mejor: cuando me despierto no hace tanto que empezó el día, cuando se me acaban las fuerzas, también se apaga el sol.
Pero lo que más me impresiona es el silencio. O casi. Hay menos gente, hay menos coches, y el ruido de la ciudad es más leve.
Buenos Aires es como un bar populoso con sólo la mitad de los clientes. Pero abierto, siempre abierto.
domingo, 6 de enero de 2008
en el medio de todo
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Pasé el 31 de diciembre siguiendo por tele los vaivenes de la no-entrega de rehenes de las FARC. Soy cholula de eventos políticos internacionales, me sumerjo en esas noticias donde parece que todo se puede arreglar o terminar de romper en un instante, aunque seguro, nada es lo que se ve, porque esas cosas siempre se ordenan lejos de la vista.
Pero además, esos escenarios, son otros de los lugares donde reincido en la necesidad de un final feliz, un “tiro para la justicia” que me devuelva la esperanza de que a veces, si.
Ya, no me digan nada: soy conciente de que es uno de los limbos donde discuten mi razón y mis necesidades insatisfechas. Y soy más pragmática que idealista, no crean.
En estos días de calor sofocante, en estos días de estepa redactística (las ideas que se afirman tan débilmente en el terreno poco irrigado de mi imaginación, dejan que cualquier viento las arranque, y hechas un ovillo, se las lleve lejísimos) me obsesiono leyendo en varios diarios sobre el tema.
Más allá del hecho político interesante, más allá de lo periodístico en juego, en el medio de todo, están las personas involucradas.
Los presidentes, sus poderes y sus estrategias.
Los guerrilleros que medio de la selva habían mutado a terroristas y ahora deciden exhibirlo.
Los familiares que esperan a sus ausentes con una paciencia, dignidad y control admirables.
Los secuestrados, que horror, los secuestrados hace tantos años.
Y un nene chiquito, que nació con la vida cagada, en medio de poderes y estrategias, selvas y terror impúdico, paciencias y dignidades perdidas o recuperadas y tantos años de vida secuestrada.
Un nene chiquitito que vino al mundo por el amor complejo de su mamá y su papá, pero que no fue suficiente para evitar que quede solo, solísimo, en medio de tanto espanto.
Mi hermana, que es psicóloga e idealista, dice que en realidad el chiquitín tiene salvación. Porque, según dice Freud, Lacan o algún literato inglés de los tantos que ella lee, si hubo amor en el comienzo, no todo está perdido.
Ojála, mirá, ojála…
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Pasé el 31 de diciembre siguiendo por tele los vaivenes de la no-entrega de rehenes de las FARC. Soy cholula de eventos políticos internacionales, me sumerjo en esas noticias donde parece que todo se puede arreglar o terminar de romper en un instante, aunque seguro, nada es lo que se ve, porque esas cosas siempre se ordenan lejos de la vista.
Pero además, esos escenarios, son otros de los lugares donde reincido en la necesidad de un final feliz, un “tiro para la justicia” que me devuelva la esperanza de que a veces, si.
Ya, no me digan nada: soy conciente de que es uno de los limbos donde discuten mi razón y mis necesidades insatisfechas. Y soy más pragmática que idealista, no crean.
En estos días de calor sofocante, en estos días de estepa redactística (las ideas que se afirman tan débilmente en el terreno poco irrigado de mi imaginación, dejan que cualquier viento las arranque, y hechas un ovillo, se las lleve lejísimos) me obsesiono leyendo en varios diarios sobre el tema.
Más allá del hecho político interesante, más allá de lo periodístico en juego, en el medio de todo, están las personas involucradas.
Los presidentes, sus poderes y sus estrategias.
Los guerrilleros que medio de la selva habían mutado a terroristas y ahora deciden exhibirlo.
Los familiares que esperan a sus ausentes con una paciencia, dignidad y control admirables.
Los secuestrados, que horror, los secuestrados hace tantos años.
Y un nene chiquito, que nació con la vida cagada, en medio de poderes y estrategias, selvas y terror impúdico, paciencias y dignidades perdidas o recuperadas y tantos años de vida secuestrada.
Un nene chiquitito que vino al mundo por el amor complejo de su mamá y su papá, pero que no fue suficiente para evitar que quede solo, solísimo, en medio de tanto espanto.
Mi hermana, que es psicóloga e idealista, dice que en realidad el chiquitín tiene salvación. Porque, según dice Freud, Lacan o algún literato inglés de los tantos que ella lee, si hubo amor en el comienzo, no todo está perdido.
Ojála, mirá, ojála…
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lunes, 31 de diciembre de 2007
lugares comunes
Sí, tienta hacer un listado de proyectos para el nuevo año que se viene. No me gusta mucho hacer balances, pero sí caigo a veces en el mítico embrujo de pensar "este año voy a..." como si eso alcanzara como primer paso a un mejor estar.
Pero las propuestas tienen siempre que ver con cambios de algo profundo y estructural, algo por donde no pasan los años standard. Así que a enumerarlos en la intimidad solamente para tomar conciencia, pero nada más.
Y aunque todos los horóscopos me digan que para este 2008 no piense en cambios profundos, yo voy a seguir buscándolos, esperándolos y, quizás, ojalá, conquistándolos, porque de otra forma no me sentiría viva.
buen 2008!!!
Pero las propuestas tienen siempre que ver con cambios de algo profundo y estructural, algo por donde no pasan los años standard. Así que a enumerarlos en la intimidad solamente para tomar conciencia, pero nada más.
Y aunque todos los horóscopos me digan que para este 2008 no piense en cambios profundos, yo voy a seguir buscándolos, esperándolos y, quizás, ojalá, conquistándolos, porque de otra forma no me sentiría viva.
buen 2008!!!
domingo, 23 de diciembre de 2007
de este lado estoy
Desde hace días tengo algo rondando por la cabeza. Es un razonamiento (digamos) complejo (digamos también). A ver si puedo sacarlo de ese estrato donde “sensaciones y pensamientos confusos, poco desarrollados, y en palabras casuales e inútiles relampaguean en nuestra conciencia” como diría Bajtín.
Cuando Juan Gelman ganó el premio Cervantes de Poesía, pensé/sentí que a pesar de todo era una victoria.
Porque cada vez que se lo nombra, además de decir que es un poeta magistral, se recuerda su vida personal. Y en esa vida hubo dolores terribles –la desaparición de su hijo, nuera y nieta y muchos de sus amigos y compañeros- y también cosas buenas, como la recuperación de su nieta y todo el movimiento internacional que lo apoyó en su reclamo ante el gobierno uruguayo, por ejemplo.
Entonces, con los premios de Juan hay doble “triunfo”: se premia la excelencia y se milita en la recuperación de la memoria y la justicia.
Pero hace mucho ruido hablar de victoria ante tanto dolor…
Entonces, definitivamente, esos no son los términos.
Un hecho injusto, criminal, terrible nos (porque nos pasó a todos) partió la vida. A partir de ahí, todos perdimos: los que sufrimos las ausencias y también, los criminales que sólo consiguieron mantener su “honor” durante los años que pudieron sembrar el miedo. De ahí en más y para siempre, sus vidas están también rotas por la vergüenza de ser conocidos en todo el mundo como genocidas.
Pero mientras sus vidas quedaron ancladas en la oscuridad, el deshonor y el delito, nosotros (incluso a los que no les gustan las madres y abuelas pero que como ellas eligen todos los días el camino del trabajo en vez del robo, de la legalidad en vez de la violencia) todos nosotros transitamos inagotables hacia el otro lado.
Y hoy tenemos presidenta, que es mujer e intelectual y para ellos “montonera”, tenemos dos nietos recuperados como legisladores, tenemos a madres y abuelas como ejemplo reconocido y admirado en el mundo entero.
Y si ahora somos nosotros los que pedimos que en el 2008 se junten las causas y se terminen los juicios contra estos genocidas, es porque queremos vivir orgullosos y satisfechos por la saludable reparación que da la justicia.
Cuando Juan Gelman ganó el premio Cervantes de Poesía, pensé/sentí que a pesar de todo era una victoria.
Porque cada vez que se lo nombra, además de decir que es un poeta magistral, se recuerda su vida personal. Y en esa vida hubo dolores terribles –la desaparición de su hijo, nuera y nieta y muchos de sus amigos y compañeros- y también cosas buenas, como la recuperación de su nieta y todo el movimiento internacional que lo apoyó en su reclamo ante el gobierno uruguayo, por ejemplo.
Entonces, con los premios de Juan hay doble “triunfo”: se premia la excelencia y se milita en la recuperación de la memoria y la justicia.
Pero hace mucho ruido hablar de victoria ante tanto dolor…
Entonces, definitivamente, esos no son los términos.
Un hecho injusto, criminal, terrible nos (porque nos pasó a todos) partió la vida. A partir de ahí, todos perdimos: los que sufrimos las ausencias y también, los criminales que sólo consiguieron mantener su “honor” durante los años que pudieron sembrar el miedo. De ahí en más y para siempre, sus vidas están también rotas por la vergüenza de ser conocidos en todo el mundo como genocidas.
Pero mientras sus vidas quedaron ancladas en la oscuridad, el deshonor y el delito, nosotros (incluso a los que no les gustan las madres y abuelas pero que como ellas eligen todos los días el camino del trabajo en vez del robo, de la legalidad en vez de la violencia) todos nosotros transitamos inagotables hacia el otro lado.
Y hoy tenemos presidenta, que es mujer e intelectual y para ellos “montonera”, tenemos dos nietos recuperados como legisladores, tenemos a madres y abuelas como ejemplo reconocido y admirado en el mundo entero.
Y si ahora somos nosotros los que pedimos que en el 2008 se junten las causas y se terminen los juicios contra estos genocidas, es porque queremos vivir orgullosos y satisfechos por la saludable reparación que da la justicia.
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