Como un cristal con muchísimas caras y en movimiento constante, así es la mente de las personas. Por eso un rayo de sol produce siempre reflejos diferentes. Una imagen, como un haz de luz, penetra en ese engranaje tan complicado que es nuestra razón-emoción y dispara respuestas-sensaciones tan distintas, tan únicas.
Ayer (porque la película de los Lugones fue ayer para mí) un hombre recordaba con los ojos iluminados, unos momentos de vida real indiferentes al resto del mundo, donde él y su amiga jugaban a las visitas mientras la muerte, o mejor dicho los asesinatos, criminales y víctimas merodeaban.
Todos sabemos que esos mundos privados de lo público se disfrutan en las miradas que nos amarran al hombre que amamos, o en esos juegos nocturnos, o a la hora de la siesta o cuando pinte, donde los cuerpos se redibujan para darnos placer. Y en esas charlas eternas fruto del enamoramiento, donde el tiempo no existe. El amor hace esas cosas, ya se sabe.
Pero, y también, la vida “común” da esos espacios, esos instantes en que lo común de la vida sigue siéndolo sólo para ser, sin pretensiones, único.
Ayer, mientras volvía caminando a casa, recordé cuando con la clavícula rota, imposibilitada de cuidarme sola, me instalé unos días en casa de mis amigos Daniel y Karina. Tenía yo tres dolores espantosos: el hueso roto que no se podía fijar con un yeso, la angustia de saber la muerte posible y la indigencia en que me dejaba mi amor a quien, cumpliendo mis peores pesadillas, su espanto no lo dejó ser siquiera solidario.
Y en medio de ese inmenso dolor, en mitad de ese caos tan personal, llegaba Dani con la silla baja de sus hijos a sentarse al costado de mi cama para leerme sus poemas. Yo lloraba, él leía. El mundo era afuera y ahí nacía un instante.
Llegué a casa y busqué el libro de poemas de Dani. Hoy ya estamos otros, ya somos lejos, pero esta que soy está construida con un ladrillo que lleva esa ternura dentro.
Desvelo
Espero que la noche
Me duerma
Porque yo solo, no puedo.
(Poemas I, Daniel Peribáñez)
domingo, 8 de julio de 2007
sábado, 7 de julio de 2007
Lugones
Sí, vi la peli sobre la Familia Lugones (así se llama).
Aunque tiene algunas pequeñas desprolijidades técnicas, la historia, las actuaciones y los testimonios son excelentes. Cuatro generaciones atravesadas por el suicidio. Una familia que fue impregnada e impregnó los últimos 100 años de historia argentina.
Pero aunque la película da para charlas -sobre la historia de este país, sobre la compulsión a la muerte y a la repetición, sobre el Tigre siempre tan maravilloso-, me quedo con un pequeño detalle.
El testimonio de Horacio Verbitsky es un registro único. No es ahí ese profesional que es, ni tampoco ese amigo que se mostró en la película sobre Paco Urondo. Esta vez es el que presta el cuerpo a una emoción tan humana. Es un sobre-viviente (palabra escrita mal a propósito para poder recomprenderla). Es una persona que amó y que registra el dolor de la pérdida convirtiéndola en un ladrillo de su existencia sólo para seguir viviendo con pasión.Para seguir amando.
Para seguir amando
Aunque tiene algunas pequeñas desprolijidades técnicas, la historia, las actuaciones y los testimonios son excelentes. Cuatro generaciones atravesadas por el suicidio. Una familia que fue impregnada e impregnó los últimos 100 años de historia argentina.
Pero aunque la película da para charlas -sobre la historia de este país, sobre la compulsión a la muerte y a la repetición, sobre el Tigre siempre tan maravilloso-, me quedo con un pequeño detalle.
El testimonio de Horacio Verbitsky es un registro único. No es ahí ese profesional que es, ni tampoco ese amigo que se mostró en la película sobre Paco Urondo. Esta vez es el que presta el cuerpo a una emoción tan humana. Es un sobre-viviente (palabra escrita mal a propósito para poder recomprenderla). Es una persona que amó y que registra el dolor de la pérdida convirtiéndola en un ladrillo de su existencia sólo para seguir viviendo con pasión.Para seguir amando.
Para seguir amando
viernes, 6 de julio de 2007
El tiempo hizo lo suyo. Después de un mes, dejé de ser la nueva. Con la gente, los compañeros de trabajo, la cosa es relajada, mucho trabajo que requiere concentración, pero alegres. Todavía no se como puedo escribir y leer con tanto ajetreo alrededor.
Y la “aptitud profesional” crece día a día. Resolviendo a brazadas cortas, a manotazos, hace falta valentía y osadía para empezar a ocupar el lugar. Sí, aunque esas palabras suenen solo aplicables a grandísimas hazañas, se necesitan todos los días en cosas más o menos cotidianas.
Esta semana volví sonriendo a casa. Quería pensar, y lo hago. Quería estar con más gente trabajando en equipo y no estar pendiente de todo todo el tiempo, y ahora el mucho trabajo es un alivio.
No quería la luna, solo una noche viva para disfrutarla. Una pieza del rompecabezas -¿qué otra cosa es una vida feliz?- está acomodada.
¿Por dónde sigue el juego?
Simplemente, sentí en mí, de pronto, la necesidad de lo imposible. Las cosas, tal como son, no me parecen satisfactorias. Por eso necesito la luna, la felicidad o la inmortalidad, algo descabellado quizás, pero que no sea de este mundo… (Calígula, Albert Camus)
Y la “aptitud profesional” crece día a día. Resolviendo a brazadas cortas, a manotazos, hace falta valentía y osadía para empezar a ocupar el lugar. Sí, aunque esas palabras suenen solo aplicables a grandísimas hazañas, se necesitan todos los días en cosas más o menos cotidianas.
Esta semana volví sonriendo a casa. Quería pensar, y lo hago. Quería estar con más gente trabajando en equipo y no estar pendiente de todo todo el tiempo, y ahora el mucho trabajo es un alivio.
No quería la luna, solo una noche viva para disfrutarla. Una pieza del rompecabezas -¿qué otra cosa es una vida feliz?- está acomodada.
¿Por dónde sigue el juego?
Simplemente, sentí en mí, de pronto, la necesidad de lo imposible. Las cosas, tal como son, no me parecen satisfactorias. Por eso necesito la luna, la felicidad o la inmortalidad, algo descabellado quizás, pero que no sea de este mundo… (Calígula, Albert Camus)
domingo, 1 de julio de 2007
Maslow banalizado
Tantos años en la facultad sólo para convertirme en una escéptica. Eso podría ser un mérito si en realidad no ocultara que es una postergación del ejercicio de la crítica. Digamos que el proceso quedó trunco: conocer que hay, saber que sobre todo (o casi) hay varias teorías opuestas o complementarias, pero que no me tomé el trabajo de saber cuál es la “mejor”, la que más coincide con mi pensamiento elaborado.
Mal, si, ya se. Pero tampoco creo, como entonces, que sea necesario tener una opinión sobre todo. Pero si, como siempre, creo en que no se debe explicar todo desde una sola teoría.
Pero vamos a Maslow. O mejor dicho: a la banalización de su famosa teoría.
Nos conocimos en la facultad, en marketing claro. Si, bueno, puede tener razón. Ya lo pensaré (si me da el cuero) a ver si es tan así.
Ahí se quedó. Pero entonces, el jueves, en la tele del gimnasio pasaban un capitulo viejo de C.S.I. donde lo nombran. Y si lo dicen en la tele…
Si, la oración anterior me condena por superficial, banal y corta de entendederas!
Busco apuntes, encuentro la pirámide y sin importarme nada más, pongo la lapicera en la base del cuarto segmento. Dice Maslow: “mientras las necesidades de déficit pueden ser satisfechas, las necesidades del ser son una fuerza impelente continua”
Que así sea.
Mal, si, ya se. Pero tampoco creo, como entonces, que sea necesario tener una opinión sobre todo. Pero si, como siempre, creo en que no se debe explicar todo desde una sola teoría.
Pero vamos a Maslow. O mejor dicho: a la banalización de su famosa teoría.
Nos conocimos en la facultad, en marketing claro. Si, bueno, puede tener razón. Ya lo pensaré (si me da el cuero) a ver si es tan así.
Ahí se quedó. Pero entonces, el jueves, en la tele del gimnasio pasaban un capitulo viejo de C.S.I. donde lo nombran. Y si lo dicen en la tele…
Si, la oración anterior me condena por superficial, banal y corta de entendederas!
Busco apuntes, encuentro la pirámide y sin importarme nada más, pongo la lapicera en la base del cuarto segmento. Dice Maslow: “mientras las necesidades de déficit pueden ser satisfechas, las necesidades del ser son una fuerza impelente continua”
Que así sea.
domingo, 24 de junio de 2007
Familiezas
Todavía, y aún con tanta fuerza, se festejan los quince años con fiesta. El viernes, Antonella, la hija de mi prima, tuvo su momento: disfrutó muchísimo, con esa mezcla de nena y adulta que le tocó vivir. Su abuela, mi maravillosa tía Ramona, también. Para ella fue una fiesta nueva, disfrutada como las de siempre.
Para mí, en cambio, fue una vuelta al pasado, un regreso a alguna de las alegres navidades “en familia”
Muchos de los antiguos sentimientos estuvieron ahí: desde la extranjería existencialista hasta el reencuentro con viejos cariños. Estábamos casi todos los de entonces sólo que los que éramos hijos ahora son padres, los padres, abuelos y de los abuelos, algunos faltan. Y muchos niños hermosos. Esas caras que , me eran contemporáneas ahora son de la siguiente generación, de los ahora hijos.
Juntos, como hace 30 años atrás, toda la familia y los vecinos del barrio de mi tía: el huevero (que es lo que siguen siendo aunque la huevería ahora es fábrica de pastas), los Grande y los Chiquito (¡esos son sus apellidos!). La única diferencia es que en vez de ser en la enorme casa de mi tía con su cocina de muebles de fórmica verdecita de los años 50 (¡que aún existe!) fue en un elegante salón de fiestas.
Y que Rafaela Carrá ya no suena desde el magazine amarillo sino desde un moderno Cd. Pero el “03, 03, 456sss” estuvo presente, por supuesto.
Y estaba mi primo Andrés, al que no veía desde hacia 25 años. Con Andrés no tenemos muchos temas en común, sólo el ser los raros de la familia. Mi hermana y yo por ese toque que dan los libros y el exceso de pensamiento, él por ser un buen tipo. Porque siempre fue honrado, trabajador, sensato, solidario y cariñoso (cosa no siempre común entre sus padres y hermanos), mucho antes de casarse con una mujer con cuatro hijos a los que ama tanto como a la pequeñita que tuvieron juntos.
Mi primo Andrés es un hombre maravilloso. De esos que no salen en el diario porqué están demasiado ocupados con su trabajo y sus seres queridos.
Cuando nos íbamos le dijo a mi sobrina: “cuidalas mucho a tu mamá y a tu tía. Porque yo las quiero mucho”
Nosotras también te queremos Andrés. Y mucho.
Para mí, en cambio, fue una vuelta al pasado, un regreso a alguna de las alegres navidades “en familia”
Muchos de los antiguos sentimientos estuvieron ahí: desde la extranjería existencialista hasta el reencuentro con viejos cariños. Estábamos casi todos los de entonces sólo que los que éramos hijos ahora son padres, los padres, abuelos y de los abuelos, algunos faltan. Y muchos niños hermosos. Esas caras que , me eran contemporáneas ahora son de la siguiente generación, de los ahora hijos.
Juntos, como hace 30 años atrás, toda la familia y los vecinos del barrio de mi tía: el huevero (que es lo que siguen siendo aunque la huevería ahora es fábrica de pastas), los Grande y los Chiquito (¡esos son sus apellidos!). La única diferencia es que en vez de ser en la enorme casa de mi tía con su cocina de muebles de fórmica verdecita de los años 50 (¡que aún existe!) fue en un elegante salón de fiestas.
Y que Rafaela Carrá ya no suena desde el magazine amarillo sino desde un moderno Cd. Pero el “03, 03, 456sss” estuvo presente, por supuesto.
Y estaba mi primo Andrés, al que no veía desde hacia 25 años. Con Andrés no tenemos muchos temas en común, sólo el ser los raros de la familia. Mi hermana y yo por ese toque que dan los libros y el exceso de pensamiento, él por ser un buen tipo. Porque siempre fue honrado, trabajador, sensato, solidario y cariñoso (cosa no siempre común entre sus padres y hermanos), mucho antes de casarse con una mujer con cuatro hijos a los que ama tanto como a la pequeñita que tuvieron juntos.
Mi primo Andrés es un hombre maravilloso. De esos que no salen en el diario porqué están demasiado ocupados con su trabajo y sus seres queridos.
Cuando nos íbamos le dijo a mi sobrina: “cuidalas mucho a tu mamá y a tu tía. Porque yo las quiero mucho”
Nosotras también te queremos Andrés. Y mucho.
domingo, 17 de junio de 2007
Mitades
Tengo, según espero, receptores de estas palabras a ambos lados del Atlántico. Por ellos, la suma de estas dos mitades que tanto los quiere.
Para acá
El viernes a la noche, en la sala Leopoldo Lugones del San Martín, vi una película argelina: El té de Ania.
Reseñas habrá en internet, supongo. Pero no es cuestión
de argumentos, sino de lugares.
Hay, en varios momentos de la película, imágenes del Mediterráneo tal como lo sabemos en Ibiza. Una extensión eterna de azul celeste; calma, serena, interrumpida sólo por amaneceres y atardeceres que se disfrutan en la piel.
Una belleza tan azul que parte en dos el mundo.
Para allá
Es casi invierno en Buenos Aires. Los árboles enormes están en su gran mayoría sin hojas, pero solo parecen lánguidos en los días nublados.
El sol invernal es de una calidez contenedora.
Buenos Aires, sea la época del año que sea, está siempre latiendo.
Aunque el frío perfore todas las capas de ropa que puedas ponerte, la ciudad te estalla en los ojos.
Hay tanto para hacer, hay tanto para descubrir, hay tanta puerta y ventana abierta al mundo, que una se siente girando y girando en el centro de un planeta cada vez más vivo.
Para acá
El viernes a la noche, en la sala Leopoldo Lugones del San Martín, vi una película argelina: El té de Ania.
Reseñas habrá en internet, supongo. Pero no es cuestión
de argumentos, sino de lugares.
Hay, en varios momentos de la película, imágenes del Mediterráneo tal como lo sabemos en Ibiza. Una extensión eterna de azul celeste; calma, serena, interrumpida sólo por amaneceres y atardeceres que se disfrutan en la piel.
Una belleza tan azul que parte en dos el mundo.
Para allá
Es casi invierno en Buenos Aires. Los árboles enormes están en su gran mayoría sin hojas, pero solo parecen lánguidos en los días nublados.
El sol invernal es de una calidez contenedora.
Buenos Aires, sea la época del año que sea, está siempre latiendo.
Aunque el frío perfore todas las capas de ropa que puedas ponerte, la ciudad te estalla en los ojos.
Hay tanto para hacer, hay tanto para descubrir, hay tanta puerta y ventana abierta al mundo, que una se siente girando y girando en el centro de un planeta cada vez más vivo.
Botella al mar
Ayer, con la imprescindible e irrenunciable ayuda de mi amiguísima Laura, tiré una botella al mar. Un mensaje con destinatario que no tendrá respuesta. El simple placer de dar, convencida de que el viaje hacia es lo que hace sabrosa la vida.
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