lunes, 28 de noviembre de 2016

lunes


En esto voy a estar pensando mañana cuando te mire.

Voy a pensar en este largo y tranquilo fin de semana. Voy a pensar en los personajes que nacen dentro de él. En la paz de no tener tiempo y de vivir en deseo.

Seguramente estarás más callado que de costumbre, o tal vez yo lo esté, y seguiremos ahí, juntos pero ausentes durante toda la mañana. En algún momento, aparecerá la necesidad de socializar. Entonces comenzarán a tomar forma las voces de los otros, y primero responderemos en nuestras cabezas y luego saldrán monosílabos, en tono muy bajo, como si no quisiéramos que las ondas despertaran al lago.

Y tarde o temprano comenzaremos a hablar. Y yo voy a seguir pensando o sintiendo este fin de semana, y por estar distraída, se abrirán paso en mis pensamientos los fantasmas. Y es verdad que el primer golpe es el que duele más fuerte porque es el que asalta a la sensibilidad en su tierno estado de inocencia. No estamos hechos para las despedidas si somos los que nos quedamos.

Y en ese momento voy a necesitar una soga para salir. Y te voy a mirar ahí a mi lado, concentrado y se me va a ocurrir algo gracioso solo para ver aparecer tu sonrisa. Esa media boca exhausta perdida en un mundo extraño que de repente reacciona ante mi voz y se hace guiño.

Y empezaré a recordar tus manos, fuertes y suaves, frescas y tibias, tuyas y extrañas. Y como no tendremos otra herramienta para que empuñen, usaremos palabras. Medias frases y sobreentendidos porque no vamos a hablar de nada que pueda ser nombrado.

Y yo volveré a pensar en este fin de semana. Volveré a sentir que me acaricia la piel y me consuela. Y lo añoraré como pasado y lo soñaré como futuro.

Y lo que ocurra de ahí en más será un anexo.

Pero eso será mañana porque ahora es fin de semana todavía.

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